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Frases Hechas – Abran fuego (Videoclip)


Dejamos el nuevo videoclip del grupo de rap “Frases Hechas” que lleva de titulo “Abran fuego”.

Stalin: Anarquismo o socialismo: El método dialectico


El método dialectico

En el mundo todo está en movimiento… Cambia la vida, crecen las fuerzas productivas, se desmoronan las viejas relaciones sociales… (C. Marx)

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El marxismo no es sólo la teoría del socialismo. Es una concepción integral del mundo, un sistema filosófico del cual se desprende lógicamente el socialismo proletario de Marx. Este sistema filosófico se llama materialismo dialéctico.

Por eso, exponer el marxismo significa exponer a la vez el materialismo dialéctico.

¿Por qué se llama este sistema materialismo dialéctico?

Porque su método es dialéctico, y su teoría, materialista.

¿Qué es el método dialéctico?

Se dice que la vida social se encuentra en estado de incesante movimiento y desarrollo. Y esto es cierto: la vida no puede ser considerada como algo estático e inmutable; la vida nunca se detiene a un mismo nivel, se halla en eterno movimiento, en eterno proceso de destrucción y de creación. Por eso, en la vida siempre existe lo nuevo y lo viejo, lo que crece y lo que muere, lo revolucionario y lo contrarrevolucionario.

El método dialéctico dice que hay que considerar la vida precisamente tal y como es en realidad. Hemos visto que la vida se encuentra en incesante movimiento; por tanto, debemos examinar la vida en su movimiento y preguntar: ¿hacia dónde marcha la vida? Hemos visto que la vida ofrece un cuadro de constante destrucción y creación; por tanto es deber nuestro examinar la vida en su destrucción y creación y preguntar: ¿qué es lo que se destruye y qué es lo que se crea en la vida?

Lo que en la vida nace y de día en día crece, es invencible; detener su movimiento hacia delante es imposible. Es decir, si, por ejemplo, en la vida nace el proletariado como clase y crece de día en día, por débil y poco numeroso que sea hoy, al fin y al cabo ha de vencer. ¿Por qué? Porque crece, cobra vigor y marcha adelante. Por el contrario, lo que en la vida envejece y camina hacia la tumba, ha de ser inevitablemente derrotado, aunque hoy represente una fuerza poderosa. Es decir, si, por ejemplo, la burguesía pisa un terreno cada vez menos firme y retrocede de día en día, por fuerte y numerosa que sea hoy, ha de ser, al fin y al cabo, derrotada. ¿Por qué? Porque como clase se descompone, se debilita, envejece y se convierte en una carga superflua en la vida.

De aquí surgió el conocido planteamiento dialéctico de que todo lo que realmente existe, es decir, todo lo que crece de día en día es racional, y todo lo que de día en día se descompone es irracional y, por lo tanto, no ha de evitar la derrota.

Ejemplo. Por los años 80 del siglo pasado, entre los intelectuales revolucionarios rusos se suscitó una gran polémica. Los populistas sostenían que la fuerza principal capaz de encargarse de la «emancipación de Rusia» era la pequeña burguesía del campo y de la ciudad. ¿Por qué?, les preguntaban los marxistas. Porque, decían los populistas, la pequeña burguesía del campo y de la ciudad constituye ahora la mayoría, y, además, es pobre y vive en la miseria.

Los marxistas replicaban: es cierto que la pequeña burguesía del campo y de la ciudad constituye ahora la mayoría y realmente es pobre, pero ¿se trata acaso de esto? Hace ya mucho tiempo que la pequeña burguesía constituye la mayoría, pero hasta ahora no ha manifestado, sin la ayuda del proletariado, ninguna iniciativa en la lucha por la «libertad». ¿Por qué? Porque la pequeña burguesía, como clase, no crece; al contrario, se descompone de día en día y se divide en burgueses y proletarios. Por otra parte, tampoco la pobreza tiene aquí, naturalmente, una importancia decisiva: los «vagabundos» son más pobres que la pequeña burguesía, pero nadie afirmará que pueden encargarse de la «emancipación de Rusia».

Como veis, la cuestión no estriba en saber qué clase constituye hoy la mayoría o qué clase es más pobre, sino en saber cuál es la clase que cobra vigor y cuál la que se descompone.

Y puesto que el proletariado es la única clase que crece y cobra vigor sin cesar, la única que impulsa adelante la vida social y agrupa en torno suyo a todos los elementos revolucionarios, nuestro deber es, por lo tanto, reconocerlo como la fuerza principal en el movimiento contemporáneo, formar en sus filas y hacer nuestras sus aspiraciones avanzadas.

Así respondían los marxistas.

Evidentemente, los marxistas consideraban la vida de un modo dialéctico, mientras que los populistas razonaban de un modo metafísico, ya que se imaginaban la vida social inmóvil en un punto.

Así considera el método dialéctico el desarrollo de la vida.

Sin embargo, hay movimiento y movimiento. Hubo movimiento de la vida social durante las «jornadas de diciembre», cuando el proletariado, enderezando sus espaldas, asaltó los depósitos de armas y se lanzó al ataque contra la reacción. Pero asimismo hay que calificar de movimiento social el movimiento de los años precedentes, cuando el proletariado, en las condiciones del desarrollo «pacífico», se limitaba a declarar huelgas parciales y a fundar pequeños sindicatos.

Es evidente que el movimiento reviste distintas formas.

Pues bien, el método dialéctico afirma que el movimiento tiene doble forma: evolutiva y revolucionaria.

El movimiento es evolutivo cuando los elementos progresivos continúan espontáneamente su labor cotidiana e introducen en el viejo régimen pequeños cambios, modificaciones cuantitativas.

El movimiento es revolucionario cuando esos mismos elementos se unen, se penetran de una misma idea y se precipitan contra el campo enemigo, para destruir de raíz el viejo régimen e introducir en la vida cambios cualitativos, instaurando un nuevo régimen.

La evolución prepara la revolución y crea el terreno para ella, y la revolución corona la evolución y contribuye a su obra ulterior.

Procesos semejantes se dan también en la vida de la naturaleza. La historia de la ciencia demuestra que el método dialéctico es un método auténticamente científico: comenzando por la astronomía y concluyendo por la sociología, en todas partes halla confirmación la idea de que en el mundo no hay nada eterno, de que todo cambia, de que todo se desarrolla. Por consiguiente, todo en la naturaleza debe ser examinado desde el punto de vista del movimiento, del desarrollo. Esto significa que el espíritu de la dialéctica penetra toda la ciencia contemporánea.

Y por lo que se refiere a las formas del movimiento, por lo que se refiere a que, de acuerdo con la dialéctica, los pequeños cambios, las modificaciones cuantitativas, conducen, al fin y al cabo, a grandes cambios, a modificaciones cualitativas, esta ley rige asimismo, en igual medida, en la historia de la naturaleza. El «sistema periódico de los elementos» de Mendeléiev muestra claramente la gran importancia que en la historia de la naturaleza tiene la aparición de los cambios cuantitativos. De esto mismo es testimonio, en biología, la teoría del neolamarquismo, a la cual el neodarvinismo cede el puesto.

Nada decimos de otros muchos hechos, suficientemente esclarecidos por F. Engels en su «Anti-Dühring».

Tal es el contenido del método dialéctico.

¿Cómo consideran los anarquistas el método dialéctico?

De todos es sabido que el fundador del método dialéctico fue Hegel. Marx depuró y mejoró este método. Naturalmente, esta circunstancia es conocida también de los anarquistas. Ellos saben que Hegel era conservador, y, aprovechándose del caso, fustigan hasta más no poder a Hegel como partidario de la «restauración», «demuestran» con apasionamiento que «Hegel es un filósofo de la restauración…, que ensalza el constitucionalismo burocrático en su forma absoluta, que la idea general de su filosofía de la Historia está subordinada y sirve a la corriente filosófica de la época de la restauración», etc., etc. (v. en el número 6 de «Nobati»[ 2 ] el artículo de V. Cherkezishvili).

Lo mismo «demuestra» en sus obras el conocido anarquista Kropotkin (v., por ejemplo, su «Ciencia y anarquismo» en lengua rusa).

Hacen coro a Kropotkin nuestros kropotkianos, comenzando por Cherkezishvili y terminando por Sh. G. (v. los números de «Nobati»).

Cierto, nadie discute con ellos acera de este punto; al revés, todo el mundo coincide en que Hegel no era revolucionario. Precisamente Marx y Engels demostraron antes que nadie, en su «Crítica de la crítica crítica», que las concepciones históricas de Hegel se hallan en contradicción radical con el Poder soberano del pueblo. Pero, a pesar de ello, los anarquistas «demuestran» y consideran indispensable «demostrar» cada día que Hegel era partidario de la «restauración». ¿Para qué lo hacen? Probablemente, para desacreditar de tal modo a Hegel y dar a entender al lector que en el «reaccionario» Hegel tampoco el método puede dejar de ser «aborrecible» y anticientífico.

Así es como piensan los anarquistas refutar el método dialéctico.

Nosotros declaramos que de ese modo no demostrarán otra cosa que su propia ignorancia. Pascal y Leibniz no eran revolucionarios, pero el método matemático descubierto por ellos está reconocido hoy como un método científico. Mayer y Hemholtz no eran revolucionarios, pero sus descubrimientos en el dominio de la física sirvieron de base a la ciencia. Tampoco eran revolucionarios Lamarck y Darwin, pero su método evolucionista puso en pie a la ciencia biológica… ¿Por qué, pues, no e puede reconocer que, a pesar de su conservadurismo, Hegel consiguió elaborar un método científico, denominado dialéctico?

No, de ese modo los anarquistas no demostrarán otra cosa que su propia ignorancia.

Sigamos adelante. Según la opinión de os anarquistas, «la dialéctica es metafísica», y como «quieren emancipar a la ciencia de la metafísica, y a la filosofía de la teología», por eso precisamente rechazan el método dialéctico (v. «Nobati», núms.. 3 y 9, Sh. G.; y también «Ciencia y anarquismo» de Kropotkin).

¡Vaya con los anarquistas! Como se dice, «hacen pagar a justos por pecadores». La dialéctica ha alcanzado su madurez en la lucha contra la metafísica y en esta lucha ha conquistado su gloria, pero en opinión de los anarquistas resulta que ¡la dialéctica es metafísica!

La dialéctica afirma que en el mundo nada hay eterno, que en el mundo todo es transitorio y mutable; cambia la naturaleza, cambia la sociedad, cambian los usos y costumbres, cambian los conceptos de justicia, cambia la propia verdad; por eso mismo la dialéctica lo considera todo de un modo crítico, por eso mismo niega la verdad establecida de una vez para siempre, y por consiguiente, niega asimismo las abstractas «tesis dogmáticas que, una vez encontradas, sólo hay que aprenderse de memoria» (v. F. Engels, «Ludwig Feuerbach»[ 3 ]).

En cambio, la metafísica nos afirma otra cosa completamente distinta. Para ella el mundo es algo eterno e inmutable (v. F. Engels, «Anti-Dühring»), el mundo está determinado de una vez para siempre por alguien o por algo; he ahí por qué los metafísicos tienen siempre en la boca la «justicia eterna» y la «verdad inmutable».

Proudhon, el «padre» de los anarquistas, decía que en el mundo existe una justicia inmutable, determinada de una vez para siempre, que deber ser colocada como base de la sociedad futura. Debido a esto se llamaba a Proudhon metafísico. Marx lucho contra Proudhon con ayuda del método dialéctico y demostró que, puesto que en el mundo todo cambia, debe cambiar también la «justicia», y, por consiguiente, la «justicia inmutable» es un delirio metafísico (v. C. Marx, «Miseria de la filosofía»). Y los discípulos georgianos del metafísico Proudhon insisten en asegurarnos: ¿«La dialéctica de Marx es metafísica»!

La metafísica reconoce diferentes dogmas nebulosos, como, por ejemplo, «lo incognoscible», la «cosa en sí», y, al fin y al cabo, se transforma en insubstancial teología. En oposición a Proudhon y a Spencer, Engels luchó contra estos dogmas con ayuda del método dialéctico (v. «Ludwig Feuerbach»). Y los anarquistas -discípulos de Proudhon y Spencer- nos dicen que Proudhon y Spencer son unos sabios y Marx y Engels, ¡unos metafísicos!

Una de dos: o los anarquistas se engañan ellos mismos o no saben lo que dicen.

En todo caso, es indudable que los anarquistas confunden el sistema metafísico de Hegel con su método dialéctico.

Ni que decir tiene que el sistema filosófico de Hegel, que se basa en la idea inmutable, es metafísico desde el principio hasta el fin. Pero es evidente también que el método dialéctico de Hegel, que niega toda idea inmutable, es científico y revolucionario desde el principio hasta el fin.

He ahí por qué Carlos Marx, al mismo tiempo que sometía el sistema metafísico de Hegel a una crítica demoledora, ensalzaba su método dialéctico, que, según las palabras de Marx, «no se deja imponer por nada; es esencialmente crítico y revolucionario» (v. «El Capital», t. I. Palabras finales).

He ahí por qué Engels ve una gran diferencia entre el método de Hegel y su sistema «Quien hiciese hincapié en el sistema de Hegel, podía ser bastante conservador en ambos terrenos; quien considerase como lo primordial el método dialéctico, podía figurar, tanto en el aspecto religioso como en el aspecto político, en la extrema oposición» (v. «Ludwig Feuerbach»).

Los anarquistas no ven esta diferencia e insisten en afirmar irreflexivamente que «la dialéctica es metafísica».

Sigamos adelante. Los anarquistas dicen que el método dialéctico es «un astuto enredo», «un método de sofismas», «de acrobacias con la lógica» (v. «Nobati», núm. 8. Sh. G.), «gracias al cual se demuestran con idéntica facilidad tanto la verdad como la mentira» (v. en el núm. 4 de «Nobati» el artículo de Cherkezishvili).

Así, en opinión de los anarquistas, el método dialéctico demuestra igualmente la verdad y la mentira.

A primera vista puede parecer que la acusación lanzada por los anarquistas no carece de fundamento. Oíd, por ejemplo, lo que dice Engels de quien sigue el método metafísico:

«…Su hablar es «Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede». Para él, una cosa existe o no existe: un objeto no puede ser lo que es y al mismo tiempo algo distinto. Lo positivo y lo negativo se excluyen en absoluto… » (v. «Anti- Dühring». Introducción).

¡Cómo!, replicarán acalorados los anarquistas. ¡¿Acaso es posible que un mismo objeto sea al propio tiempo bueno y malo?! ¡Pero si esto es un «sofisma», un «juego de palabras», pero si esto significa que «queréis demostrar con idéntica facilidad la verdad y la mentira»!…

Sin embargo, penetremos en el fondo de la cuestión.

Hoy exigimos la república democrática. ¿Podemos decir que la república democrática es buena en todos los sentidos o que es mala en todos los sentidos? ¡No, no podemos decirlo! ¿Por qué? Porque la república democrática es buena solamente en un aspecto, cuando destruye el régimen feudal; pero en cambio es mala en otro aspecto, cuando fortalece el régimen burgués. Por eso precisamente decimos: por cuanto la república democrática destruye el régimen feudal, es bueno y luchamos por ella; pero por cuanto fortalece el régimen burgués, es mala y luchamos contra ella.

Resulta que la misma república democrática es al propio tiempo «buena» y «mala», «sí» y «no».

Lo mismo cabe decir de la jornada de trabajo de ocho horas, que al propio tiempo es «buena», por cuanto fortalece al proletariado, y «mala», por cuanto refuerza el sistema de trabajo asalariado.

Precisamente hechos de esta índole eran los que Engels tenía en cuenta cuando caracterizaba el método dialéctico con las palabras arriba citadas.

Pero los anarquistas no lo han comprendido, y una idea completamente clara les ha parecido un «sofisma» nebuloso.

Naturalmente, los anarquistas son muy libres de advertir o no advertir estos hechos, y hasta pueden no advertir la arena en una playa; están en su derecho. Pero, ¿qué tiene que ver con eso el método dialéctico, que, a diferencia del anarquismo, no mira a la vida con los ojos cerrados, siente su pulsación y afirma abiertamente como la vida cambia y se encuentra en movimiento, todo fenómeno vital tiene dos tendencias, una positiva y otra negativa, de las cuales debemos defender la primera y rechazar la segunda?

Sigamos adelante. En opinión de nuestros anarquistas, «el desarrollo dialéctico es un desarrollo catastrófico, mediante el cual primero se destruye por completo el pasado, y después, completamente desligado de él, se afirma el futuro… Los cataclismos de Cuvier eran engendrados por causas desconocidas, pero las catástrofes de Marx y Engels son engendradas por la dialéctica (v. «Nobati», núm. 8. Sh. G.).

Y en otro lugar el mismo autor escribe: «El marxismo se basa en el darvinismo y no mantiene ante él una actitud crítica» (v. «Nobati», núm. 6).

¡Prestad atención!

Cuvier niega la evolución darvinista, reconoce solamente los cataclismos, y el cataclismo es una explosión inesperada, «engendrada por causas desconocidas». Los anarquistas afirman que los marxistas siguen a Cuvier y que, por tanto, rechazan el darvinismo.

Darwin niega los cataclismos de Cuvier, reconoce la evolución gradual. Y he ahí que estos mismos anarquistas afirman que «el marxismo se basa en el darvinismo y no mantiene ante él una actitud crítica», es decir, que los marxistas niegan los cataclismos de Cuvier.

En una palabra, los anarquistas acusan a los marxistas de segur a Cuvier y al propio tiempo les echan en cara que siguen a Darwin, y no a Cuvier.

¡Así es la anarquía! Como suele decirse. ¡la viuda del suboficial se ha flagelado a sí misma! Es evidente que el Sh. G. del octavo número de «Nobati» se ha olvidado de lo que decía el Sh. G. del sexto número.

¿Cuál de los números tiene razón: el octavo o el sexto?

Veamos los hechos. Marx dice:

«Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad…

Y se abre así una época de revolución social». Pero «ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella…» (v. C. Marx, «Contribución a la crítica de la Economía Política». Prólogo)[ 4 ].

Si se aplica esta tesis de Marx a la vida social moderna, resultará que entre las fuerzas productivas modernas, que tienen un carácter social, y la forma de apropiación de los productos, que tiene un carácter privado, existe un conflicto radical, que debe culminar en la revolución socialista (v. F. Engels, «Anti-Dühring». Capítulo segundo de la tercera parte).

Como veis, en opinión de Marx y Engels, la revolución no la engendran las «causas desconocidas» de Cuvier, sino causas sociales completamente determinadas y reales, llamadas «desarrollo de las fuerzas productivas».

Como veis, en opinión de Marx y Engels, la revolución sólo se lleva a efecto cuando han madurado suficientemente las fuerzas productivas, y no de manera inesperada, como pensaba Cuvier.

Es evidente que no hay nada de común entre los cataclismos de Cuvier y el método dialéctico de Marx.

Por otra parte, el darvinismo rechaza no sólo los cataclismos de Cuvier, sino también el desarrollo comprendido dialécticamente, que incluye la revolución, mientras que, desde el punto de vista del método dialéctico, la evolución y la revolución, los cambios cuantitativos y cualitativos son dos formas necesarias de uno y el mismo movimiento.

Evidentemente, no se puede afirmar tampoco que el marxismo… «no mantiene ante el darvinismo una actitud crítica».

Resulta que «Nobati» se equivoca en ambos casos, tanto en el sexto número como en el octavo.

Por último, los anarquistas nos reprochan que «la dialéctica… no permite ni salir o escaparse de sí, ni saltar por encima de sí mismo» (v. «Nobati», núm. 8. Sh. G.).

Esto, señores, es la pura verdad; en esto, respetables señores, tienen ustedes completa razón: el método dialéctico, realmente, no permite semejante cosa. Pero, ¿por qué no la permite? Porque «escaparse de sí y saltar por encima de sí mismo» es cosa de cabras monteses, y el método dialéctico ha sido creado para las personas.

¡Ese es el secreto!…

Tales son, en términos generales, las opiniones de los anarquistas sobre el método dialéctico.

Es evidente que los anarquistas no han comprendido el método dialéctico de Marx y Engels. Han inventado su propia dialéctica y precisamente contra ella arremeten con tanta saña.

A nosotros no nos queda más que reírnos al observar este espectáculo, pues uno no puede por menos de reírse cuando ve cómo alguien lucha contra el fruto de su propia fantasía, aniquila sus propias invenciones y, al mismo tiempo, asegura con calor que bate al adversario.

Lucha de clases y movimientos nacionales en España: El partido comunista y sus tareas generales más inmediatas


Dadas las agudas contradicciones que genera el régimen capitalista en proceso de descomposición, es inevitable que se produzcan protestas y luchas, algunas de gran virulencia, y focos de permanente tensión entre las más diversas capas de la población, las cuales difieren en sus objetivos últimos y, conforme a los mismos, en sus formas y métodos de actuación y organización. Estas diferencias -por otra parte inevitables en todo proceso revolucionario- se hacen más acusadas en algunas de las naciones donde domina el Estado español, según sea el peso que tenga dentro de ellas la clase obrera, sus tradiciones revolucionarias, su grado de organización, etc. Estas diferencias hacen aparecer también una corriente ideológica que tiende a considerar la lucha por la salvación de su patria como algo esencialmente distinto o desligado de la lucha general que se desarrolla en todo el país, fomentando, consecuentemente con ello, la creación de organizaciones interclasistas e incluso partidos pretendidamente marxistas con una clara orientación nacionalista, es decir, desvinculados del resto del proletariado de España.

Frente a esta tendencia, el PCE(r) hace tiempo que adoptó la decisión de trabajar sin descanso para forjar la unidad de los revolucionarios de las distintas nacionalidades en un Partido Único, verdaderamente marxista-leninista, capaz de unir a la clase obrera y de forjar una alianza de todas las fuerzas que se hallan enfrentadas al fascismo y al monopolismo; el PCE(r) persigue de esta forma crear un amplio movimiento popular de resistencia, bajo la hegemonía de la clase obrera, dotándolo de un único y efectivo estado mayor. Esto no excluye que puedan existir varias organizaciones y que cada una de ella posea su propia dirección. Nosotros no pretendemos tener en exclusiva la dirección del movimiento popular, ni nuestro Partido puede representar otros intereses que no sean los de la clase obrera. Precisamente, es en aras de esos intereses por lo que nos negamos a aceptar que puedan existir distintos partidos comunistas con distintos objetivos y distintos programas.

En cuanto al funcionamiento orgánico, el Partido Comunista, asentado firmemente en el marxismo-leninismo y el internacionalismo proletario, adopta el principio de organización y funcionamiento del centralismo democrático. Esto quiere decir que el Partido Comunista es una organización centralizada, que sólo admite un centro dirigente (el Comité Central) al cual se subordinan todos los militantes y las organizaciones que lo componen. Todo lo cual exige, a su vez, la adopción de procedimientos democráticos en la discusión y en la adopción de decisiones, en el control de los dirigentes sobre la base y de ésta sobre los dirigentes, etc. La aplicación del centralismo democrático garantiza, junto a la más amplia libertad de discusión, la unidad de acción necesaria para enfrentar a la reacción que permanece siempre unida y armada hasta los dientes.

La pequeña burguesía no puede ver con buenos ojos la existencia de un Partido Comunista de este tipo, fuerte y unido, y que conduzca al proletariado y a los distintos pueblos de las nacionalidades a la lucha más resuelta contra el capitalismo, por la supresión de la explotación y por las demandas nacionales. Por esta razón ataca constantemente y boicotea de mil formas todos los esfuerzos que venimos haciendo encaminados a lograr la unidad, anteponiendo los objetivos nacionalistas a la lucha de clases y pretendiendo de esta forma escindir al proletariado según su nacionalidad.

Esta influencia de la ideología nacionalista pequeño-burguesa se deja sentir incluso en las filas de la clase obrera, y en ocasiones hace aparecer dentro del propio Partido a elementos que propugnan una u otra forma de estructura orgánica y de funcionamiento distinta del centralismo democrático. Entre esas proposiciones destaca la estructura federal que, de ser adoptada, llevaría en poco tiempo a la liquidación del Partido como vanguardia de la clase obrera; llevaría a destruir la organización monolítica necesaria del Partido. Estas proposiciones no son algo nuevo en la historia del movimiento obrero revolucionario. Ya Lenin tuvo que luchar contra los nacionalistas de su país para poder formar el Partido Bolchevique; y aquí, en España, también surgieron estas tendencias en el curso de la formación del Partido Comunista que encabezó José Díaz.

La división del Partido en federaciones conduciría a organizar a los obreros bajo el principio de su nacionalidad, es decir, de lo que diferencia a unos de otros, y no en base a lo que les une como clase, a lo que les lleva a luchar contra el enemigo común. De este modo -explica Stalin en uno de sus numerosos trabajos dedicados a este problema- en lugar de derribar las barreras nacionales, nosotros, por obra y gracia de los federalistas, las reforzamos aún más con barreras de organización, en lugar de impulsar adelante la conciencia de clase del proletariado, la haremos retroceder y les someteremos a pruebas peligrosas (32).

Crear un Partido Comunista federado, escindir a la clase obrera según su nacionalidad, equivale a dar el primer paso hacia la liquidación del Partido y a sofocar la lucha de clases, convirtiendo a la patria en el terreno donde confluyen los intereses del proletariado y de la burguesía.

En sus más de ocho años de existencia, el PCE(r) ha venido aplicando consecuentemente los principios del internacionalismo y del centralismo democrático dentro de su organización, y ha realizado su trabajo político entre la clase obrera de toda España combatiendo cualquier intento de fragmentar el Partido o escindir a los obreros. Es desde estas posiciones como viene impulsando la lucha contra la burguesía. Fue, precisamente, la fusión de dos grupos marxistas-leninistas (Organización Obreira y OMLE) y la creación de núcleos comunistas en Euskadi y Catalunya lo que sentó las bases orgánicas para la celebración del Congreso Reconstitutivo del Partido. En el futuro, el Partido seguirá desarrollándose sobre estas mismas bases y ninguna corriente ideológica pequeño-burguesa, por muy bien que se quiera camuflar con los ropajes del marxismo, del leninismo o del maoísmo, podrá apartarnos de este camino.

Decía Stalin, al atacar al federalismo en la organización del Partido proletario: Sabemos a qué conduce la separación de los obreros por nacionalidades: la desintegración del partido obrero único, la división de los sindicatos por nacionalidades, la exacerbación de las fricciones nacionales, rompehuelgas nacionales, completa desmoralización dentro de las filas de la socialdemocracia: he ahí los frutos del federalismo en el terreno de la organización (33).

La clase obrera de España viene padeciendo, desde hace tiempo, esa misma situación descrita más arriba, de la que únicamente se beneficia la burguesía. Combatir esa tendencia a la dispersión, a la atomización de la clase obrera, a la confusión de objetivos y a la consiguiente desmoralización que crea, es una de las tareas más importantes que tenemos que acometer en este momento sin vacilar.

El PCE(r) elabora su línea política y su programa teniendo en cuenta las condiciones generales de nuestro país y los problemas más importantes que origina la existencia del capitalismo. Abordar los problemas que padecen las. masas obreras y populares, buscar las mejores soluciones para ellos conjuntamente con las masas, y luchar en primera fila para resolverlos, es lo que va a permitir al Partido ligarse estrechamente a los trabajadores, desarrollarse y encabezar finalmente el movimiento de resistencia popular en todas partes.

Del cúmulo de tareas que tiene hoy ante sí, el Partido destaca y pone en primer lugar aquéllas que guardan relación directa con las necesidades inmediatas y los objetivos políticos del movimiento obrero y popular en su conjunto: boicot y denuncia de las maniobras políticas del régimen, apoyo a la lucha de las amplias masas por las consecución de mejoras económicas y sociales, apoyo a las organizaciones guerrilleras, exigencia de retirada inmediata de España de la OTAN; para que sean derogadas las leyes terroristas del régimen, para que sean liberados los presos políticos antifascistas y patriotas y se establezcan las libertades políticas y sindicales plenas, etc. Sobre la base del cumplimiento de estos objetivos, el Partido desarrolla su labor entre todos los sectores de la población (campesinos, estudiantes, mujeres trabajadoras, patriotas…) fomentando la creación de organizaciones unitarias y democráticas entre todos ellos y animándolos a proseguir la lucha de la manera más resuelta. Además, el Partido no pierde de vista ni por un momento la agravación de la crisis internacional y la amenaza de agresión imperialista que pende sobre las cabezas de todos los pueblos del mundo, y apoya las justas propuestas de los países del campo socialista tendentes a relajar la tensión y en apoyo a los movimientos de liberación de las naciones y pueblos oprimidos.

Queda claro, pues, que la dirección del Partido toma en consideración el conjunto de los problemas que afectan hoy día a las masas y que rebasan, con mucho, el estrecho marco de las reivindicaciones meramente nacionalistas.

En relación al movimiento nacional popular, el PCE(r) no realiza su actividad de forma igual y esquemática; ante todo tenemos en cuenta las diferencias que existen en una nacionalidad respecto a otra.

Los comunistas de la nación opresora deben llevar a cabo una labor de propaganda del hecho diferenciador de los distintos pueblos que integran el Estado y de la existencia de la opresión nacional; deben desarrollar un trabajo constante de educación internacionalista de las masas basada en el respeto a las diferencias nacionales así como en su derecho a elegir libremente sus propios destinos como nación, su derecho a separarse, a constituirse en Estados independientes. Por su parte, los comunistas de las naciones oprimidas han de partir también de las posiciones de clase internacionalistas de los intereses del proletariado en su conjunto, y dejar bien sentado en su labor de propaganda y agitación que sólo una vez derrocado el Estado y a través de la revolución socialista es como se podrá hacer efectivo el ejercicio del derecho a la autodeterminación, abogando por la unión más estrecha y fraternal del proletariado de todas las nacionalidades en la lucha contra el enemigo común (la burguesía y su Estado), y por la creación de un Partido Comunista único. Además, llegado el momento, deben defender con firmeza y hacer campaña por la unión voluntaria y en pie de absoluta igualdad de su pueblo con los otros pueblos de España.

Esta doble actividad de los comunistas, única forma de integrar en una misma lucha los deberes internacionalistas del proletariado con las reivindicaciones del movimiento nacional popular, se manifiesta igualmente en la labor que realizan las distintas organizaciones nacionales del Partido. Estas aplican la política y las resoluciones aprobadas en los Congresos, y están sujetas a la misma disciplina. Ahora bien, los Comités Nacionales poseen algunas atribuciones -como convocar Conferencias Nacionales y mantener una representación permanente en el Comité Central- que no son necesarias a las otras organizaciones del Partido, y además gozan de una amplia autonomía para aplicar la línea política de acuerdo con las peculiaridades concretas de su nacionalidad.

Ni qué decir tiene que las organizaciones nacionales del Partido proletario están obligadas a estudiar los problemas específicos de su nación, buscarles soluciones de acuerdo con los intereses del proletariado y de las amplias masas trabajadoras y denunciar constantemente el nacionalismo y la ideología reaccionaria burguesa en todas las formas que ésta presente. Particularmente, las organizaciones del Partido de las nacionalidades deben prestar mucha atención a las maniobras políticas del régimen encaminadas a imponer por la fuerza sus actuales estatutos de autonomía. En la realización de todas estas actividades, los comunistas de las nacionalidades han de procurar establecer justas relaciones con todas aquellas organizaciones nacionalistas que luchan consecuentemente contra el monopolismo y por la liberación nacional.

Las organizaciones del Partido de las nacionalidades también tienen la obligación de abordar de forma sistemática aquellas tareas derivadas de la existencia de una lengua y una cultura propias. En este sentido, es absolutamente necesario editar (en la medida de lo posible) la propaganda en bilingüe, respetando así también los derechos de los obreros inmigrados a recibir la propaganda comunista en su propia lengua; es decir, los comunistas han de tener presente en todo momento que en cada nación hay dos naciones, dos culturas, dos clases: la burguesa y la proletaria, y que, por tanto, su deber consiste en defender y desarrollar la cultura democrática popular en todas sus formas.

No menos importante es la labor que tienen que realizar los comunistas de las nacionalidades oprimidas entre los obreros encaminada a resaltar el hecho de que el proletariado de la nación opresora es igualmente explotado y oprimido por la misma clase capitalista y por el mismo Estado que les explota y oprime a ellos (lo mismo a los obreros de SEAT de Barcelona, a los de Altos Hornos de Vizcaya, a los de Astilleros Astano de Ferrol, como a los obreros de Chrysler de Madrid, etc.).

Es preciso, pues, que todas las organizaciones del Partido encabecen las diversas manifestaciones de la lucha de las clases integrándolas en un solo movimiento orientado a la destrucción del sistema capitalista, la realización del socialismo y la liberación nacional.

La clase obrera no tienen ningún interés económico y egoísta que defender que la lleve a desear un mercado propio, exclusivo; por consiguiente no tiene tampoco interés alguno en explotar ni oprimir a ningún pueblo. Además, el proletariado está interesado en el derrumbamiento de las barreras nacionales, en la libre unión de todos los pueblos para marchar juntos a la meta del comunismo, ya que, como dijeron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista:

El aislamiento nacional y los antagonismos entre los pueblos desaparecen de día en día con el desarrollo de la burguesía, la libertad de comercio y el mercado mundial, con la uniformidad de la producción industrial y las condiciones de existencia que le corresponde.El dominio del proletariado los hará desaparecer más deprisa todavía. La acción común, al menos en los países civilizados, es una de las primeras condiciones de su emancipación.

En la misma medida en que sea abolida la explotación de un individuo por otro, será abolida la explotación de una nación por otra.

Al mismo tiempo que el antagonismo de las clases en el interior de las naciones desaparecerá la hostilidad de las naciones entre sí.

He ahí, brevemente expuestos, los motivos que mueven a los comunistas y sus objetivos últimos en el terreno de la lucha nacional.

(32) J. Stalin: Cómo entiende la socialdemocracia la cuestión nacional.

(33) J. Stalin: El marxismo y la cuestión nacional.

Lucha de clases y movimientos nacionales en España: Por el socialismo


El proletariado es la única clase capaz de poner término a la opresión nacional en España; pero para asumir esta tarea el proletariado ha de partir de una posición política clara y del principio del internacionalismo, Única base sobre la que poder abordar y dar una justa solución a este problema.Nacionalismo burgués -escribe Lenin- e internacionalismo proletario: tales son las dos consignas irreconciliables, que corresponden a los dos grandes campos del mundo capitalista y expresan dos políticas (es más, dos concepciones) en el problema nacional (27).

Al asumir el hecho nacional y los problemas nacionales que ha dejado sin resolver el capitalismo, que son una herencia que nos ha legado la burguesía y que no podrá hallar solución bajo este sistema, la clase obrera da un contenido socialmente distinto al nacionalismo. Para los obreros, la lucha por los derechos nacionales está indisolublemente unida a sus intereses de clase, a la lucha por la revolución socialista. Ciertamente, esta es una cuestión que no Interesa sólo y exclusivamente al proletariado. Numerosos sectores de la población también son víctimas, en mayor o menor medida, de la explotación monopolista, de la represión y la conculcación de los derechos y libertades nacionales.

En estas circunstancias, y dado el auge extraordinario que están tomando los movimientos antifascistas y patrióticos en los últimos años en España -especialmente en Euskadi-, han aparecido, incluso dentro de las filas obreras, concepciones que tienden a considerar el fomento del nacionalismo y la creación de frentes de liberación nacional como la tarea más importante que deben acometer en esto momentos los revolucionarios. Para los comunistas está fuera de toda duda la estrecha relación que guardan los objetivos de la liberación social y nacional, y en esto parecen coincidir nuestras posiciones con las de aquéllos; ahora bien, las diferencias aparecen desde el momento mismo en que se intenta establecer el orden de prioridades, cuando se trata de definir el objetivo inmediato de la actividad revolucionaria: o bien la unión del proletariado de las distintas nacionalidades, para llevar a cabo la lucha por el derrocamiento del Estado capitalista e imperialista español, o bien la de crear partidos en cada una de las nacionalidades para desarrollar la lucha por separado y en base a un programa de liberación nacional.

Como se comprenderá, esto último nos llevaría a proclamar la consigna de la independencia y a dejar la lucha contra la propia burguesía, y por los propios objetivos de clase, para un futuro remoto. El proletariado no puede seguir ese camino sin traicionarse a sí mismo. Por eso, los comunistas hace tiempo que hicimos nuestra elección, decidiéndonos por la organización de todos los revolucionarios en un partido único, por la unión más estrecha de todo el proletariado de España y por la lucha resuelta contra la burguesía. Pero es que, además, como hemos analizado más arriba, esta elección se ha visto reforzada por la evolución histórica, hasta el punto de que hoy día se puede decir casi con toda seguridad que no existe realmente otra salida más que esa al problema nacional.

Más adelante nos ocuparemos con mayor detenimiento de esa estrategia que nos proponen los nuevos nacionalistas. Ahora queremos insistir en un punto capital, de cuya importancia baste decir que sirve de base a toda nuestra concepción política.

Tal como lo define la línea política de nuestro Partido -el PCE(r)-, de la base económica monopolista, de la actual correlación de fuerzas sociales y de la naturaleza del régimen que impera en España, se deducen las principales contradicciones de nuestra sociedad: contradicción entre la burguesía y el proletariado, contradicción entre la pequeña burguesía y la gran burguesía monopolista, contradicción entre las naciones oprimidas y el Estado imperialista, etc.

Todas estas contradicciones vienen determinadas por la contradicción fundamental que forma la base económica capitalista, altamente socializada, y las relaciones de producción correspondientes, fundadas en la gran propiedad capitalista y la explotación del trabajo. Esta contradicción fundamental y la lucha de clases que genera determina el carácter socialista de nuestra revolución. De aquí se desprende que hoy día es altamente improbable que se pueda dar la liberación de una o varias naciones si no se transforman a la vez las relaciones sociales y económicas que están en la base de la explotación y la opresión. Por consiguiente, si tenemos en cuenta el carácter socialista de nuestra revolución y el hecho de que únicamente el socialismo es capaz de garantizar un régimen de auténtica libertad a los pueblos, sólo podemos concluir que la lucha por la solución definitiva del problema nacional está indisolublemente ligada a la lucha por el derrocamiento del Estado monopolista y a la realización del socialismo.

Esta lucha, que por su propia naturaleza es antifascista, antimonopolista y nacional, ha de llevarla a cabo el proletariado de las naciones oprimidas en unión estrecha con el proletariado de la nación opresora, y al hacerlo así, los obreros de Euskadi, Galicia y Catalunya deben ser conscientes de que no sólo luchan por la emancipación social, de su clase, sino también contra la opresión y la esquilmación de sus naciones por los monopolios.

La práctica consecuente del internacionalismo proletario y la lucha por el socialismo son, por tanto, inseparables y no excluyen en modo alguno la lucha por los derechos nacionales, sino al contrario: actualmente, dada la situación general que hemos descrito, esa es la única vía que permitirá a los pueblos oprimidos por el Estado español acceder realmente a su total liberación. No hay otro camino.

La Revolución Socialista de Octubre ilustra magníficamente nuestra posición. Como es sabido, el Partido Bolchevique aplicó esta misma orientación, que nosotros venimos defendiendo, en la solución del problema nacional -muy extendido en la Rusia zarista-, subordinándolo en todo momento a la cuestión social. La experiencia demostró, desmintiendo a los nacionalistas, que sólo el socialismo podía resolver este problema. Debemos advertir, no obstante, que de estas posiciones no se debe deducir que el partido de la clase obrera tenga que abandonar o aplazar la lucha por los derechos nacionales. Nada de eso. Tan sólo se trata de situarla en su justo lugar. Para nosotros no cabe la menor duda, tal como se deduce de la contradicción fundamental existente en nuestra sociedad, que lo más importante en estos momentos, la tarea principal que ha de acometer resueltamente el proletariado, es la lucha contra la burguesía y su Estado. Solamente cuando esta contradicción sea resuelta, todas las demás contradicciones entrarán en vías de solución. ¿Negamos por eso la existencia de las otras contradicciones? Precisamente porque reconocemos su existencia es por lo que, desde hace tiempo, nos esforzamos en establecer y desarrollar buenas relaciones con los movimientos pequeño burgueses de clara orientación nacionalista que se hallan enfrentados al fascismo y al monopolismo.

El desarrollo monopolista ha provocado la ruina económica y ha postergado políticamente a algunos sectores de esa misma pequeña burguesía que actualmente se encuentra en acelerado proceso de proletarización. Estos sectores pequeño-burgueses tienden a radicalizarse. En unos lugares se cobijan bajo el manto del marxismo-leninismo y, así, dan lugar a la aparición de toda una caterva de partidillos que se autodenominan comunistas. Pero allí donde existen las condiciones de una fuerte opresión nacional, estos grupos adquieren un tinte nacionalista furibundo.

De modo que nos encontramos con que, actualmente, representantes de estas capas sociales vuelven a agitar la bandera de la independencia nacional en un esfuerzo por sobrevivir como clase, resucitan viejas consignas e intentan ganar influencia y atraer al proletariado a su propia causa. Está claro que la época que les ha tocado vivir no facilita mucho las cosas a estos retoños del nacionalismo, no se presta para hacer que el proletariado se deje engatusar y siga sus consignas nacionalistas. Los obreros conscientes de todas las nacionalidades de España saben que en estos momentos sólo tienen un objetivo (el socialismo) y un enemigo: la burguesía, que sostiene y a la vez es sostenida por un Estado que explota y oprime a gallegos, vascos, catalanes o castellanos.

Por todas estas razones, se puede asegurar que todos los intentos que realice la pequeña burguesía por atraerse a los obreros están irremisiblemente condenados al fracaso.

A pesar de todo, estas capas de la población son un aliado potencial del proletariado. Sin embargo, no hay que perder de vista que vacilan continuamente, oscilan con mucha frecuencia desde una posición radical intransigente, a otra capitulacionista y entreguista. Estas vacilaciones son inevitables que se produzcan en una clase que está condenada a desaparecer y que se ve cogida entre dos fuegos, entre las fuerzas de los dos grandes ejércitos contendientes (el proletariado y la gran burguesía), sin decidirse nunca hacia qué lado inclinarse. Sólo cuando el proletariado actúa con todas las fuerzas y la energía de que es capaz (y esto podrá hacerlo una vez que se haya unido bajo la dirección de su Partido de vanguardia), sólo entonces la pequeña burguesía “basculará” a favor de aquél. Mientras llega ese momento, nuestra actitud ante esas organizaciones no puede ser otra que la de alentarlas a continuar la lucha.

El Partido debe apoyar a esos sectores de la pequeña burguesía nacionalistas en la lucha contra la esquilmación a que los someten los monopolios, y en su oposición a la opresión y al oprobio nacional: debe apoyar sus justas demandas (algunas de las cuales coinciden hoy con las del proletariado); pero al mismo tiempo tiene que estar vigilante y criticar tanto sus limitadas posiciones ideológicas y políticas (y sus desmesuradas pretensiones) como sus vacilaciones inevitables.

El Partido ha de preservar en todo momento su independencia orgánica y política; debe, sí, apoyar todo lo que tienda a debilitar al Estado capitalista, procure aliados potenciales a la clase obrera y facilite la organización de las masas populares; debe poner empeño en crear un frente común de lucha de todas las fuerzas democráticas y patrióticas, pero es fácil comprender que nada de eso se podrá conseguir si hipoteca su independencia, si se deja arrastrar y, menos aún, si hace dejación de los principios revolucionarios en aras de un acuerdo con los nacionalistas burgueses. Los intereses de la clase obrera -escribe Lenin- y de su lucha contra el capitalismo exigen una completa solidaridad y la más estrecha unión de los obreros de todas las naciones, exigen que se rechace la política nacionalista de la burguesía de cualquier nación (28).

(27) Lenin: Notas críticas sobre la cuestión nacional.

(28) Lenin: El derecho de las naciones a la autodeterminación.

Ola k ase, de fiesta o k ase


Así es, los del PCE hace tiempo que no mojan y han planeado hacer una fiesta con la finalidad de nada. Como siempre, el PCE vuelve a ponerse a la vanguardia, esta vez usando una expresión muy actual y que esta en pleno hype.

OLA K ASE LA REVOLUCIÓN O K ASE!!

Marx, el dinero


Lo que mediante el dinero es para mi, lo que puedo pagar, es decir, lo que el dinero puede comprar, eso soy yo, el poseedor del dinero mismo. Mi fuerza es tan grande como lo sea la fuerza del dinero. Las cualidades del dinero son mis —de su poseedor— cualidades y fuerzas esenciales. Lo que soy y lo que puedo no están determinados en modo alguno por mi individualidad. Soy feo, pero puedo comprarme la mujer más bella. Luego no soy feo, pues el efecto de la fealdad, su fuerza ahuyentadora, es aniquilada por el dinero. Según mi individualidad soy tullido, pero el dinero me procura veinticuatro pies, luego no soy tullido; soy un hombre malo y sin honor, sin conciencia y sin ingenio, pero se honra al dinero, luego también a su poseedor. El dinero es el bien supremo, luego es bueno su poseedor; el dinero me evita, además, la molestia de ser deshonesto, luego se presume que soy honesto; soy estúpido, pero el dinero es el verdadero espíritu de todas las cosas, ¿cómo podría carecer de ingenio su poseedor? El puede, por lo demás, comprarse gentes ingeniosas, ¿y no es quien tiene poder sobre las personas inteligentes más talentoso que el talentoso? ¿Es que no poseo yo, que mediante el dinero puedo todo lo que el corazón humano ansia, todos los poderes humanos? ¿Acaso no transforma mi dinero todas mis carencias en su contrario?

Si el dinero es el vinculo que me liga a la vida humana, que liga a la sociedad, que me liga con la naturaleza y con el hombre, ¿no es el dinero el vínculo de todos los vínculos? ¿No puede él atar y desatar todas las ataduras? ¿No es también por esto el medio general de separación? Es la verdadera moneda divisoria, así como el verdadero medio de unión, la fuerza galvanoquímica de la sociedad.

[…] Es cierto que la demanda existe también para aquel que no tiene dinero alguno, pero su demanda es un puro ente de ficción que no tiene sobre mí, sobre un tercero, sobre los otros, ningún efecto, ninguna existencia; que, por tanto, sigue siendo para mi mismo irreal sin objeto. La diferencia entre la demanda efectiva basada en el dinero y la demanda sin efecto basada en mi necesidad, mi pasión, mi deseo, etc., es la diferencia entre el ser y el pensar, entre la pura representación que existe en mí y la representación tal como es para mí en tanto que objeto real fuera de mí. Si no tengo dinero alguno para viajar, no tengo ninguna necesidad (esto es, ninguna necesidad real y realizable) de viajar. Si tengo vocación para estudiar, pero no dinero para ello, no tengo ninguna vocación (esto es, ninguna vocación efectivaverdadera) para estudiar. Por el contrario, si realmente no tengo vocación alguna para estudiar, pero tengo la voluntad y el dinero, tengo para ello una efectiva vocación. El dinero en cuanto medio y poder del universales (exteriores, no derivados del hombre en cuanto hombre ni de la sociedad humana en cuanto sociedad) para hacer de la representación realidad y de la realidad una pura representación, transforma igualmente las reales; fuerzas esenciales humanas y naturales en puras representaciones abstractas y por ello en imperfecciones, en dolorosas quimeras, así como, por otra parte, transforma las imperfecciones y quimeras reales, las fuerzas esenciales realmente impotentes, que sólo existen en la imaginación del individuo, en fuerzas esenciales reales y poder real. Según esta determinación, es el dinero la inversión universal de las individualidades, que transforma en su contrario, y a cuyas propiedades agrega propiedades contradictorias.

Clases de comunismo


Shakespeare, en el Timón de Atenas:


¡Oro!, ¡oro maravilloso, brillante, precioso! ¡No, oh dioses,
no soy hombre que haga plegarias inconsecuentes! (Simples raíces, oh cielos purísimos!)
Un poco de él puede volver lo blanco, negro; lo feo, hermoso;
lo falso, verdadero; lo bajo; noble; lo viejo, joven; lo cobarde, valiente
¡oh dioses! ¿Por qué?
Esto va arrancar de vuestro lado a vuestros sacerdotes y a vuestros sirvientes;
va a retirar la almohada de debajo de la cabeza del hombre más robusto;
este amarillo esclavo
va a atar y desatar lazos sagrados, bendecir a los malditos,
hacer adorable la lepra blanca, dar plaza a los ladrones
y hacerlos sentarse entre los senadores, con títulos, genuflexiones y alabanzas;
él es el que hace que se vuelva a casar la viuda marchita
y el que perfuma y embalsama como un día de abril a aquella que revolvería
el estómago al hospital y a las mismas úlceras.
Vamos, fango condenado, puta común de todo el género humano
que siembras la disensión entre la multitud de las naciones,
voy a hacerte ultrajar según tu naturaleza.

Y después:

«¡Oh, tú, dulce regicida, amable agente de divorcio
entre el hijo y el padre! ¡Brillante corruptor
del más puro lecho de himeneo! ¡Marte valiente!
¡Galán siempre joven, fresco, amado y delicado,
cuyo esplendor funde la nieve sagrada
que descansa sobre el seno de Diana! Dios visible
que sueldas juntas las cosas de la Naturaleza absolutamente contrarias
y las obligas a que se abracen; tú, que sabes hablar todas las lenguas
Para todos los designios. ¡Oh, tú, piedra de toque de los corazones,
piensa que el hombre, tu esclavo, se rebela, y por la virtud que en ti reside,
haz que nazcan entre ellos querellas que los destruyan,
a fin de que las bestias puedan tener el imperio del mundo…!»

Biografía: Emiliano Zapata


Emiliano Zapata Salazar nació en Anenecuilco, el 8 de agosto de 1879 en el seno de una familia de pequeños propietarios de tierras, pero ante su pobreza, la familia Zapata diversificó sus actividades, encaminándolas a la pequeña ganadería. De ese modo los animales les permitieron autonomía de la hacienda azucarera vecina.

Zapata siguió la educación primaría en la escuela de la aldea. A los 16 años perdió a su madre y 11 meses más tarde, a su padre. El patrimonio que heredó fue reducido, pero suficiente para no tener que emplearse como peón en alguna de las ricas haciendas que rodeaban Anenecuilco.

De 1902 a 1905, auxiliando al pueblo de Yautepec que tenía problemas con el hacendado Pablo Escandón, los acompañó a la ciudad de México, donde acudían ante las diferentes dependencias públicas para pedir se les hiciera justicia.

El 15 de abril de 1906, los habitantes de Anenecuilco enviaron un escrito al gobernador del estado planteándole sus problemas con las tierras, y éste convocó una reunión, a la que asistieron representantes del pueblo de Villa de Ayala y de Anenecuilco, entre los que se encontraba Emiliano Zapata.

En 1909 Zapata apoyó a Patricio Leyva en las elecciones para gobernador del estado, enfrentándose al hacendado Pablo Escandón, que ganó las elecciones.

El 12 de septiembre de ese año fue elegido en asamblea representante de su pueblo para seguir la lucha por la restitución de las tierras. Al terminar la misma, le hicieron entrega de los documentos de la comunidad.

En 1910 repartió las tierras del llano de Huajar, que los de Villa de Ayala ya iban a sembrar con el permiso de la hacienda del Hospital. A fines de año volvió a repartir tierras en Anenecuilco, Villa de Ayala y Moyotepec.

No participó de manera activa en la campaña presidencial de Francisco I. Madero, pero cuando éste promulgó el Plan de San Luis, en cuyo contenido se manifestaba la restitución de tierras a las comunidades campesinas despojadas, inmediatamente se aprestó a apoyarlo.

Participó en una reunión secreta para elegir a un representante que se entrevistara con Madero y le pidiera instrucciones sobre los pasos a seguir. A su regreso trajo las instrucciones de nombrar a Patricio Leyva líder del movimiento insurreccional.

Se alzaron en armas el 10 de marzo de 1911 en Villa de Ayala, y formaron la primera guerrilla con 70 hombres. Días más tarde tomaron Jojutla.

El 29 de marzo asumió el mando de las fuerzas maderistas y tomó Axochiapan, luego asaltó la hacienda de Chinameca, tomó Jonacatepec, sitió Cuautla, entonces defendida por lo más selecto del ejército porfirista.

Siete días más tarde, Porfirio Díaz se embarcaba en Veracruz en el Ipiranga para dirigirse a Europa y el 27 de mayo Zapata entró con 5.000 hombres en Cuernavaca.

El 2 de junio y el gobierno federal designó un gobernador provisional del estado sin que Zapata estuviera de acuerdo. Esto hizo que el día 6 se trasladara a la ciudad de México con los principales jefes guerrilleros para entrevistarse con Madero.

Se inicia así el largo debate de la revolución, sobre dos ejes fundamentales: los hacendados querían desarmar a toda costa a la guerrilla y ésta quería las tierras para los campesinos. Además se negociaba también el nombramiento del gobernador del estado y el control sobre la policía, que Zapata exigía que se reclutara entre las fuerzas guerrilleras. En esas negociaciones, Madero tuvo que viajar varias veces a Morelos a entrevistarse con los dirigentes guerrilleros y, a la inverso, también acudió Zapata varias veces a Ciudad de México para lo mismo.

Los hacendados comenzaron una campaña de intoxicación en la prensa en contra de Zapata, a quien hacían aparecer como un bandido a quien había que exterminar. Mientras Zapata desmovilizaba sus tropas y entregaba 3.500 armas, en la ciudad de México le lanzaban acusaciones de haberse levantado nuevamente en armas.

El 9 de agosto el presidente Francisco León de la Barra dió instrucciones al general Victoriano Huerta para que marchara al estado y terminara por la fuerza con el desarme de las tropas zapatistas porque no debían tratar con bandidos. La movilización que se inició el 19 de agosto. Zapata le dijo entonces a Madero que con las mismas armas que lo elevaron, lo derrocarían. Madero trató de contemporizar y Zapata le dijo que mientras se siga desarmando a los elementos revolucionarios y se les dé apoyo a las fuerzas federales, la revolución y usted mismo están en peligro. Claro vemos que cada día se entrega usted más en manos de los enemigos de la revolución.

Zapata concentró sus tropas en Villa de Ayala y lanzó un Manifiesto al Pueblo de Morelos, donde exponía la gravedad del problema. Como respuesta a este desafío, el 29 de agosto el presidente León de la Barra celebró un Consejo de Ministros donde se acordó que Victoriano Huerta activara la persecución de Zapata hasta lograr su exterminio.

Huerta ocupó con sus fuerzas la plaza de Cuautla el 31 de agosto; el 12 de septiembre atacó la hacienda de Chinameca, donde se encontraba Zapata, que logró escapar.

Entonces pasó a la ofensiva y sus fuerzas ocuparon Topilejo, Tulyehualco, Nativitas y San Mateo en el valle de México, y avanzaron sobre Milpa Alta.

La ofensiva causó alarma en la ciudad de México, y la Cámara de Diputados los consideró de importancia nacional.

En octubre se logró la firma del Plan de Ayala y, el 30 de abril del siguiente año Zapata lanzó la primera reivindicación agraria en el pueblo de Ixcamilpa, Puebla.

En enero de 1912, Madero nombró al General Juvencio Robles jefe de la campaña, que incendió y devastó el estado.

Después del asesinato de Madero, tras el golpe de Estado que instaló a Huerta en el poder, Zapata ordenó batir a las fuerzas golpistas.

Por su parte, Huerta emprendió una campaña en el sur para tratar de destruir a las fuerzas revolucionarias.

Emiliano Zapata lanzó otro manifiesto a la nación el 20 de octubre, donde justificaba su actitud rebelde y hacía un llamamiento a todos los mexicanos para que se unieran a la Revolución.

Las fuerzas zapatistas tomaron Chiautla, en el estado de Puebla; casi todo Guerrero, incluyendo Chilpancingo; todo Morelos con su capital, Cuernavaca; parte de Hidalgo incluyendo Pachuca; parte del Estado de México y el sur del Distrito Federal.

El 14 de julio de 1914 los revolucionarios se reunieron en San Pablo Oxtotepec, ratificaron el Plan de Ayala, nombraron a Zapata dirigente de la revolución y pidieron que el Plan Ayala fuera incluido en la nueva Constitución.

Huerta fracasó en su plan para aplastar a la revolución. El 15 de julio renunció y algo después subió al poder el general Venustiano Carranza quien, después de ocupar la ciudad de México el 14 de agosto, declaró que tenía 60 mil rifles para combatir a Zapata y que no permitiría su entrada en la capital porque era un bandido. Se negó a acatar el Plan Ayala y anifestó que la paz sólo se hacía con la sumisión incondicional de las fuerzas zapatistas a las constitucionalistas, y que los hacendados tenían sus derechos sancionados por las leyes y no era posible quitarles sus propiedades para darlas a quien no tenía derecho.

Zapata lanzó otro manifiesto Al Pueblo Mexicano, donde reiteró que la Revolución no se había hecho para conquistar ilusorios derechos políticos que no dan de comer, sino para procurarse un pedazo de tierra que habría de proporcionarle alimento.

Carranza convocó a una Convención en la Cámara de Diputados de la ciudad de México el 1 de octubre de 1914, pero se suspendió para que participaran en ella los zapatistas y villistas.

Los revolucionarios designaron una comisión para que asistiera a la Convención en Aguascalientes, con instrucciones precisas de luchar hasta conseguir que la asamblea hiciera suyos los principios sostenidos por el Ejército Libertador del Sur y lograron que la Convención hiciera suyos los postulados del Plan de Ayala.

El 30 de octubre la Convención acordó el cese de Carranza como Primer jefe, designando a Eulalio Gutiérrez como presidente provisional de la República. El 24 de noviembre por la noche se apoderaron de la capital de la República las fuerzas del Ejército Libertador del Sur, al mando del General Antonio Barona, obligando al General Obregón a abandonarla.

El 4 de diciembre se reunieron por primera vez los generales Emiliano Zapata y Pancho Villa en Xochimilco, Distrito Federal, donde suscribieron un pacto por el cual se comprometieron a luchar juntos en contra de Carranza, y desfilaron por las principales calles de la capital, al frente del Ejército Libertador del Sur y de la División del Norte, respectivamente.

Para cumplir lo dispuesto en los artículos 6 y 7 del Plan de Ayala, Zapata creó las primeras Comisiones Agrarias; estableció el Crédito Agrícola; fundó la Caja Rural de Préstamos que funcionó con éxito en el estado de Morelos durante 1915 y 1916; y reorganizó la industria azucarera.

El 22 de octubre de 1915 el gobierno de la Convención promulgó una Ley Agraria.

El General Zapata lanzó un Manifiesto al Pueblo Mexicano, en Quilamula el 10 de julio de 1916, donde hacía responsable a Carranza de la Expedición Punitiva y llamaba a la unidad nacional para acabar con los traidores. En 1917, el ejército agrarista finalmente logró expulsar a las tropas carrancistas de los estados de Morelos y Guerrero, donde continuó trabajando por la implantación de los postulados del Plan de Ayala.

El 20 de abril lanzó otro Manifiesto al Pueblo, donde señaló los errores del gobierno carrancista y exhortó a los revolucionarios y a los mexicanos en general a unirse a su movimiento. El 20 de mayo lanzó otro manifiesto donde decía que la caída del gobierno carrancista era una exigencia; reafirmaba la liberación de la tierra y, la emancipación del campesino, sin capataces ni amos. Calificó a los soldados carrancistas de aventureros sin escrúpulos ni conciencia, de no hombres sino furiosos adversarios sin bandera ni principios, que tenían como programa el pillaje y como ideales el saqueo y el botín.

El 18 de agosto de 1918, los carrancistas se apoderaron nuevamente de las plazas principales del estado. Las actividades militares en forma de guerrillas se redoblaron y gracias a eso los carrancistas no pudieron expulsar al jefe de la revolución agraria, quien trasladó su cuartel general a las estribaciones del Popocatépetl.

En ese año, el movimiento zapatista atravesó por graves circunstancias; no solo tuvo que enfrentar a las tropas constitucionalistas, sino que se suscitaron algunas divisiones y deserciones. Algunos aceptaron la amnistía que les ofrecía el gobierno, e incluso llegaron a enfrentarse a sus ex compañeros de lucha. El zapatismo perdió terreno, posiciones y hombres.

A pesar de su notoria debilidad, seguía siendo uno de los principales problemas del gobierno de Carranza. El mayor desafío de Emiliano Zapata al régimen carrancista la constituyó su carta abierta del 17 de marzo de 1919, en la que acusaba públicamente al Presidente de ser la causa de todos los males que sufría el país.

El 10 de abril de 1919 asesinaron a Zapata pero la revolución no cejaba y, si bien muchos hombres dejaron las armas, otros como Gildardo Magaña hicieron público su afán de consumar los ideales por los que tantos años habían luchado y vengar la muerte de Zapata.

El movimiento agrario morelense no fue finiquitado por la desaparición de su dirigente y se mantuvo en rebeldía hasta 1920, en que estableció una alianza con la facción revolucionaria obregonista, que triunfó en la rebelión de Agua Prieta.

El actual EZLN no sólo no ha seguido el ejemplo del gran revolucionario mexicano, sino que ha tratado de prostituir su memoria, y atraerse a los campesinos pobres de Chiapas para sus sucios manejos.

 

Fuente: Antorcha

Frases Hechas – Abran fuego


Dejamos por aquí un tema nuevo del grupo “Frases Hechas”.

¡La dignidad de Arenas escribiendo en su celda!

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