Marx – La cuestión obrera


Marx – La cuestión obrera
Londes, viernes 11 de noviembre de 1853

«Oportunidades de oro y el uso que hacemos de ellas» es el título de una de las efusiones más tragicómicas del grave y profundo The Economist. Esas «oportunidades de oro» nos las brindaba, cómo no, el libre comercio, y el «uso», o más bien «abuso», de ellas es el de las clases trabajadoras.

¡Por primera vez, las clases trabajadoras tenían el futuro en sus manos! La población de Reino Unido había empezado de facto a disminuir, la balanzaemigración había superado su natural incremento. ¿Y cómo han aprovechado los trabajadores semejante oportunidad? ¿Qué han hecho? Pues exactamente lo que siempre hasta ahora: cada vez que salía el sol, casarse y multiplicar lo más rápido que podían. […] A este ritmo, no pasará mucho tiempo antes de que el aumento compense la emigración y esta oportunidad de oro se haya desperdiciado.

¡La oportunidad de oro de no casarse ni multiplicarse excepto al ritmo que marca la ortodoxia de Malthus y sus discípulos!

¡Bonita modal de oro! No obstante, de momento y según The Economist, la población ha disminuido y todavía no hemos compensado la emigración. No vamos, pues, a poder echarle la culpa del desastre de los tiempos a la superpoblación.

Las clases trabajadoras tendrían que haber hecho mejor uso de esta rara oportunidad y haber ahorrado y haberse convertido en capitalistas. […] Apenas se encuentra algún caso de que hayan […] ascendido, o empezado a ascender, el grado de capitalistas, […] Han desperdiciado su oportunidad.

La oportunidad de convertirse en capitalistas! Al mismo tiempo, The Economist dice a los trabajadores que, tras haber conseguido por fin un diez por ciento de aumento de sueldo, se llevan al bolsillo 16 chelines y 6 peniques en lugar de los 15 chelines de antes, y que un miserable salario de 15 chelines a la semana ya era demasiado alto. Pero qué más da. Cómo convertirse en capitalista cuando ganas 15 chelines a la semana, ¡ése sí que es un problema digno de estudio! Los trabajadores tienen la falaz idea de que a fin de mejorar su situación tiene que mejorar sus ingresos. «Han hecho huelga -dice The Economist– por más de lo que pueden o saben gastar.» Con 15 chelines a la semana tenían la oportunidad de convertirse en capitalistas, pero con 16 y 6 peniques la desperdician. Por un lado, los trabajadores tienen que conseguir que la mano de obra escasee y que el capital abunde para que los capitalistas se vean obligados a subir los salarios. Pero, si resulta que el capital abunda y la mano de obra escasea, no deben de ninguna manera aprovechar ese poder para cuya adquisición tendrían que dejar de casarse y multiplicarse. «Han vivido con muchos lujos.» Con los Aranceles del Grano, nos dice también The Economist, estaban mal alimentados, mal vestidos y casi se morían de hambre. Si tenían que vivir, que no es seguro, ¿cómo habrían podido hacerlo con menos lujos que antes? The Economist despliega una y otra vez las cifras de importación para probar la creciente prosperidad del pueblo y la solidez de la actividad económica. Lo que, por tanto, era una demostración de las inefables bendiciones del libre comercio lo denuncian ahora como prueba de la insensata extravagancia de las clases trabajadoras. Seguimos, sin embargo, sin comprender cómo es posible que la importación continúe creciendo cuando la población y el consumo decrecen, cómo puede la exportación seguir aumentando cuando la importación disminuye, y cómo la industria y el comercio pueden expandirse cuando las importaciones y las exportaciones se contraen.

La tercera forma de aprovechar esa oportunidad de oro habría consistido en procurarse y procurar a sus hijos la mejor educación posible, para así estar preparados para la mejora de sus circunstancias y aprender a aprovecharla en su beneficio. Por desgracia, nos vemos obligados a declarar que […] los colegios nunca han estado más descuidados que ahora y que nunca ha habido tanto impago de matrículas.

¿Tiene este hecho algo de maravilloso? El dinamismo del comercio era sinónimo de amplicación de fábricas y de aumento de maquinaria, y los trabajadores de mayor edad eran sustituidos por mujeres y niños que trabajaban más horas que antes. Cuanto más acudían a la fábrica la madre y el hijo, menos podían frecuentar la escuela. Y, al fin y al cabo, ¿qué tipo de educación tenían oportunidad de recibir los padres y los hijos? La que enseña a que la población mantenga el ritmo de crecimiento descrito por Malthus, asegura The Economist. La educación, afirma el señor Cobden, enseñaría a los hombres que los cuartos sucios, atestados y mal ventilados no son precisamente lo mejor para conservar la salud y el vigor. Es como pretender salvar a un hombre que se muere de hambre diciéndole que las leyes de la Naturaleza exigen al cuerpo humano el perpetuo suministro de alimento. Con la educación, dice The Dailiy News, nuestras clases trabajadores habrían aprendido a extraer la sustancia nutritiva de un hueso reseco, hornear tartas con almidon y hacer sopa con molinillos.

Si en consecuencia hacemos recuento de las oportunidades de oro que han desperdiciado las clases trabajadoras, resulta que consisten en la oportunidad de oro de no casarse, en las oportunidades, también de oro de vivir con menos lujos, de no pedir aumento de sueldo, de convertirse en capitalistas con quince chelines a la semana y de aprender a que el cuerpo no se descoyunte comiendo todavía peor y a que el alma se degrade con las pestíferas doctrinas malthusianas.

Enerst Jones visitó Preston(1) el pasado viernes y pronunció un discurso sobre la cuestión obrera ante los trabajadores concentrados delante de las fábricas clausuradas en la ciudad(2). A la hora indicada, al menos quince mil personas (según The Preston Pilot doce mil) se congregaron en el lugar de la convocatoria y brindaron al señor Jones una calurosa acogida. Cito a continuación algunas frases del discurso:

¿Por qué estas luchas? ¿Por qué en estos momentos? ¿Por qué habrá más? Porque las fuentes de vuestra vida están cegadas por la mano del capital, que apura la copa dorada hasta el final y no os deja más que los posos. ¿Por qué al cortaros el paso a las fábricas os cortan el paso a la vida? Porque no tenéis otra fábrica a la que ir ni otro medio de ganaron el pan. […] ¿Que otorga al capitalista tanto poder? Que tiene en sus manos todos los medios de empleo. […] Los medios de trabajo son, por tanto, los goznes sobre los que gira el futuro del pueblo. […] Solo un movimiento masivo de todos los oficios, un movimiento nacional de las clases trabajadores, puede lograr la victoria. […] Dividid la lucha, hacedla local, y fracasaréis. Ampliadla a toda la nación, y seguro que obtendréis la victoria.

Emocionado y con palabras muy elogiosas, el señor George Cowell, a quien luego secundo el señor John Matthers, dio las gracias a Ernest Jones por su visita a Preston y por los servicios que está prestando a la causa obrera.

Los propietarios de las fabricas hicieron cuanto estuvo en su mano para evitar la visita de Ernest Jones. Los organizadores no encontraron sala y convocaron la concentración al aire libre con panfletos impresos en Manchester. Algunos interesados se tomaron la molestia de difundir el rumor de que el señor Jones no apoya ría la huelga y sembraron el desconcierto entro los trabajadores. Además, enviaron cartas que insistían en el riesgo personas que corría el señor Jones en caso de visitar Preston.

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(1)Ernest Jones (1819-1869), poeta, novelista y agitador politico defenseor del cartismo, movimiento socialista britanico. Fuertemento influido por Marx y Engels, pronto se convertiria en el lider del ala izquierda cartista. Fue presidente del «International Comittee» -una asociacion obrera que prefiguraria la Primera Internacional- y tambien editor del diario cartista The People’s Paper.
(2)Entre los años 1853 y 1854 los tejedores de algodon de Preston, Lancashire, organizarian varias huelgas y mitines con el fin de obtener una subida salarial del 10 por ciento. Pese a la presion de los cartitas y algunos rejedores radicales como Mortimer Grimshaw (1824-69), las huelgas finalizarion con la derrota de los tejedores.

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