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Arenas: El análisis económico de Lenin


Una queja muy extendida entre los economicistas de la última hornada es la que se refiere a la supuesta despreocupación de Lenin por el análisis económico. Mario Quintana no podía dejar de reflejar en su escrito esa misma insatisfacción:

Después de la lucha contra el revisionismo entre la socialdemocracia alemana, Lenin no insiste sobre las cuestiones económicas porque en 1903 sobreviene la escisión dentro de la socialdemocracia rusa y el enemigo principal pasó a ser otro distinto y no ya los populistas. Entonces Lenin tuvo que trasladar la discusión al terreno político, estratégico e ideológico y sólo muy superficialmente entró en las cuestiones económicas […] Incluso en su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, Lenin critica a Kautsky porque éste consideraba el imperialismo como un fenómeno exclusivamente económico, lo que lleva a Lenin a centrarse en los fenómenos más aparentes y descriptivos del monopolismo.

Esta es la razón que obliga a los economicistas a adentrarse de nuevo en la selva de la economía política -no descriptiva– ante la necesidad de descubrir las fuentes (que, al parecer, nadie antes había descubierto, ni siquiera Marx) de donde mana la superproducción absoluta de capital. Lenin, es verdad, desde la época en que escribió El desarrollo del Capitalismo en Rusia y polemizó con los populistas, no había abordado el tema económico con todo el detenimiento, la extensión y la profundidad con que lo hizo a partir de la polémica con Kautsky, y eso a pesar de los graves errores que, según Quintana, habían filtrado los revisionistas en este campo desde la época anterior. ¿No resulta sospechosa tanta despreocupación de Lenin por un tema tan importante y decisivo de la teoría? ¿Por qué salió antes al paso de los populistas y no hizo lo mismo después con los revisionistas? M. Quintana trata de justificar esa supuesta dejación de Lenin asegurando que prevalecía la necesidad de diseñar una estrategia revolucionaria para Rusia. Pero la misma necesidad, o aun mayor, de enfrentar a los revisionistas en este terreno, como en todo lo demás, se presentó después. ¿O es que la refutación de las tesis del revisionismo y el análisis económico habían dejado de tener la importancia que tuvieron en otra época para la elaboración y el desarrollo de la estrategia revolucionaria? Sin embargo, Lenin no presta atención a la polémica que sobre este tema estaba teniendo lugar en la socialdemocracia alemana y hay motivos más que sobrados para pensar que no lo hizo, precisamente, porque consideraba que los propios marxistas alemanes (entre ellos Kautsky) estaban dando buena cuenta del revisionismo. Esta es la misma razón que le condujo más tarde, cuando los Kautsky y compañía abandonaron y traicionaron al movimiento obrero revolucionario, a salirles también a éstos al paso, no sólo en las cuestiones políticas e ideológicas, sino también en el terreno de la economía. Pero aun así, Lenin no descubrió por ninguna parte nada que se le asemeje a una crisis de superproducción absoluta de capital. De ahí la queja de nuestros economistas.

M. Quintana nos ha recordado la polémica de Lenin con los románticos rusos de finales del siglo XIX, para acusar nuestro subconsumo a propósito de la crisis, pero pasa olímpicamente por alto la definición que hizo el mismo Lenin de la crisis en un trabajo que cita continuamente: ¿Qué es la crisis?: superproducción, producción de mercancías que no pueden ser realizadas, que no pueden hallar demanda (38). Como se puede apreciar, en esta definición sumamente descriptiva, Lenin no dejó ningún resquicio a la interpretación de la crisis que hace Quintana y los amigos de RS. Superproducción, producción de mercancías que no pueden ser realizadas, que no pueden hallar demanda. Claro que resultaría escandaloso acusar a Lenin de subconsumismo por haber escrito tamaña barbaridad, precisamente cuando polemiza con otros subconsumistas a propósito de la cuestión de los mercados. Por eso es mejor ignorar esa parte de la polémica o mirar para otro lado.

Esa definición hecha por Lenin de la crisis en uno de sus primeros trabajos de economía es absolutamente correcta, pues está basada en la teoría de Marx, y la mantuvo invariable en sus trabajos posteriores por la sencilla razón de que el capitalismo, no obstante su nuevo desarrollo monopolista, imperialista, no ha cambiado ni puede cambiar las leyes fundamentales que rigen su funcionamiento. Por lo demás, es cierto que ni Marx ni Lenin han analizado todo lo que había por analizar del capitalismo y la crisis, pero eso no puede dar lugar a pensar que Lenin no le haya prestado ninguna atención a los temas económicos, o como afirma Quintana, que la economía política no volvió a atraer la atención de Lenin, después de sus primeros trabajos juveniles, con lo que se habría creado un vacío en la teoría económica que deberá ser llenado con ideas y análisis por el estilo de los que él y otros, como los compañeros de RS, están defendiendo desde una pretendida posición marxista-leninista.

No hay nada más equivocado ni más perjudicial para el movimiento obrero revolucionario que esa interpretación. Por este motivo conviene que nos detengamos un momento, antes de seguir adelante, en desentrañar la falsa concepción que encierra y que está en la base de toda su teoría sobre la crisis.

De lo dicho más arriba por Quintana se desprende que éste no tiene una idea muy clara del objeto de la Economía Política; no comprende que, como dijo Lenin, la economía política no se ocupa en modo alguno de la ‘producción’, sino de las relaciones sociales de los hombres en la producción, del régimen social de producción (39). La Economía Política estudia las relaciones de producción en su conexión e interdependencia con las fuerzas productivas, lo que forma la base de la sociedad, así como la acción mutua de esta base económica con la superestructura política e ideológica. La Economía Política estudia, pues, la contradicción fundamental del sistema capitalista en su desarrollo, es decir, el conflicto que enfrenta a las fuerzas productivas sociales con las relaciones de producción basadas en la propiedad privada capitalista y la manifestación de este conflicto en la lucha de clases. Estudia lo más esencial, la ley económica fundamental que rige el movimiento de la sociedad de clases en su evolución y transformación en otra sociedad sin clases, a partir de sus propias contradicciones internas. No son asuntos que interesen especialmente a la Economía Política la producción o las cuestiones financieras, ya que eso forma parte de la tecnología. El estudio concreto de los mercados, de la coyuntura, del ciclo económico, e incluso del momento de la crisis económica, entran también en ese campo. Es esto lo que impide muchas veces a los economistas remontarse o salir de ese ámbito estrecho en el que se mueven, para enfocar los fenómenos económicos desde una perspectiva distinta y con un método realmente científico, lo que les impide comprender que en el análisis de las formas económicas de nada sirven el microscopio ni los reactivos químicos. El único medio de que aquí disponemos es la capacidad de abstracción (40) y el examen de las categorías económicas (tales como mercancías, dinero, valor, trabajo, capital) firmemente establecidas, que han ido apareciendo en cada fase del desarrollo histórico de la sociedad.

Esta es la concepción económica de Marx y su método de análisis y lo es igualmente de Lenin. Entre la economía de Marx y Engels y los aportes de Lenin existe una unidad y armonía completas. Fue Lenin quien desarrolló la Economía Política marxista (como los otros aspectos de la teoría), retomándola en el punto donde Marx y Engels la dejaron y en el que se vieron limitados por la época en que les tocó vivir. Antes de Lenin, tal como hemos visto en las referencias que hace Quintana en su trabajo, otros teóricos marxistas, e incluso burgueses y reformistas, también abordaron los nuevos fenómenos y problemas que traía aparejados la aparición del monopolismo y el imperialismo, pero sólo Lenin pudo y supo realizar un análisis correcto y acabado desde una justa interpretación del marxismo y una firme posición revolucionaria de clase.

Es una verdadera pena que M. Quintana, tan preocupado como está por los aspectos económicos, técnicos, de la crisis, no haya tenido en cuenta nada de esto, e incluso le reproche a Lenin el haberse lamentado por no haber podido escribir una obra menos económica y más política, a causa de la censura. No contento con esto, M. Quintana vuelve a la carga con su tema favorito:

Lenin defendió abiertamente las ideas económicas de Marx y, en cuanto a la ley del derrumbe y en contra no sólo de Bernstein sino también de Kautsky, escribió: ‘El capitalismo marcha hacia la bancarrota, tanto en el sentido de las crisis políticas y económicas aisladas como en el del completo hundimiento de todo el régimen capitalista’ (41). De aquí deduce lo que sigue: No se trata únicamente de dificultades de realización, de desproporciones o de contracción de los mercados, sino de la inviabilidad del capitalismo como sistema económico de producción y valorización, de que la acumulación tiene un límite que, una vez alcanzado, impide la reproducción del sistema. No se encontrará en los economistas una sola referencia a la obra de Lenin que muestre su verdadero análisis económico, es decir, el desarrollo de las contradicciones del capitalismo en su etapa monopolista, imperialista, en que se basa su concepción del derrumbe, de la bancarrota, tanto en el sentido de las crisis políticas y económicas aisladas como en el del completo hundimiento de todo el régimen capitalista.

Dicho análisis parte de la consideración de los cambios ocurridos en la estructura económica y social dentro del sistema capitalista en la última fase de su desarrollo, en la etapa monopolista, que lo diferencia en algunos aspectos relevantes con relación a la etapa anterior, no monopolista, de libre concurrencia.

Esas diferencias fueron resumidas por Lenin en el balance de su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, en los siguientes cinco rasgos fundamentales:

  1. La concentración de la producción y del capital llega hasta un grado tan elevado de desarrollo que ha creado los monopolios, los cuales desemPeñan un papel decisivo en la vida económica;
  2. La fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este ‘capital financiero’, de la oligarquía financiera;
  3. La exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particularmente grande;
  4. La formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo, y
  5. La terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes.

Como puede apreciarse, el análisis de Lenin tiene en cuenta, ante todo, los rasgos económicos. Lo fundamental consiste en la concentración de la producción y del capital (lo que ha dado lugar a la aparición del capital financiero (***) en base a la fusión del capital bancario con el industrial) y la sustitución de la libre competencia por el dominio de los monopolios. Esto representa un cambio importante en la base del sistema, es decir, en las relaciones de producción, haciendo que algunas de las particularidades fundamentales del capitalismo comiencen a convertirse en su antítesis, tomando cuerpo y manifestándose en toda la línea los rasgos de la época de transición del capitalismo a una estructura económica y social más elevada (42). Esto no debe dar lugar a confusión respecto al cambio de naturaleza del sistema.

Con la formación de los monopolios y de la oligarquía financiera, el capitalismo entra en su fase agónica, parasitaria. Las formas antitéticas de relación social se manifiestan ahora de forma clara en el hecho de que las relaciones de producción y la superestructura ligada a ellas han dejado de corresponder a las fuerzas productivas sociales y, en lugar de contribuir a su desarrollo, como lo hacían en otra época, se encuentran en abierta contradicción con ellas. Por otro lado, y en relación con lo anterior, están la concentración de la propiedad en unas cuantas manos y el hecho de que el proceso de la producción y distribución se realiza sin la intervención y el control directo de la gran burguesía, lo que permite prescindir de ella. La burguesía se ha convertido así en una clase parasitaria, en una excrecencia que vive del recorte del cupón, que chupa la sangre al proletariado y al conjunto de la sociedad sin aportarle nada a cambio (****).

Lenin definió el lugar histórico del imperialismo y descubrió en él tres particularidades: en primer lugar, el imperialismo es capitalismo monopolista; en segundo lugar, es capitalismo parasitario o en descomposición, y en tercer lugar es capitalismo moribundo. Estos son los rasgos en que se manifiestan las formas antitéticas de relación social bajo el imperialismo. Los monopolios, los trusts y otras formas de propiedad colectiva de los capitalistas, contrariamente a lo que aseguran los revisionistas y otros apologistas del imperialismo, no hacen al capitalismo más popular, no lo convierten en socialismo. Para Marx las sociedades anónimas son una especie de producción privada pero sin control de la propiedad privada y aparecen prima facie como simple fase de transición hacia una nueva forma de producción (43), pero no suprimen el régimen capitalista, son simplemente, una contradicción que se suprime a sí misma. Quintana se refiere a esta parte de la obra de Marx en parecidos términos a como lo hacen los redactores de RS, y como ellos también se olvida de remarcar que esa transición a la que alude Marx crea una nueva aristocracia financiera, una nueva clase de parásitos y no aproxima a la burguesía y al proletariado -como pretenden los revisionistas-, sino que los separa y los enfrenta todavía más.

En un plano más general, Engels defiende la misma concepción de Marx: Mas ni la transformación en sociedades por acciones, ni la transformación en propiedad del Estado priva a las fuerzas productivas de su cualidad de capital; el caso es evidentísimo para las sociedades por acciones […] El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista; es el Estado de los capitalistas; es el capitalista colectivo ideal. Cuanto más fuerzas productivas se apropia tanto más se convierte en un verdadero capitalista colectivo, más ciudadanos explota. Los trabajadores siguen siendo asalariados, proletarios; el capitalismo no se suprime, muy al contrario, se extrema (44).

Bajo el monopolismo, las leyes económicas del capitalismo siguen siendo las mismas, y por consiguiente, también las relaciones de producción. Sólo que se presentan de una forma más desarrollada, alcanzando el límite máximo a que pueden llegar, el punto a partir del cual se convierten en su contrario. Es la época en la que, como dice Lenin, el entrelazamiento entre el capital industrial y el capital financiero, que expresa ese desarrollo de las relaciones de producción capitalistas, se convierte en el rasgo más acusado del proceso que se está desarrollando ante nosotros, en el que se advierte que las relaciones de economía y de propiedad privada constituyen una envoltura que no corresponde ya al contenido, que esa envoltura debe inevitablemente descomponerse si se aplaza de manera artificial su supresión, que puede permanecer en estado de descomposición durante un período relativamente largo (en el peor de los casos, si la curación del tumor oportunista se prolonga demasiado) pero que, con todo y eso, será inevitablemente suprimida (45).

Ya hemos visto en qué términos y desde qué posición está planteada la cuestión de la crisis y el hundimiento del capitalismo por Lenin. ¡Y Quintana aún sigue empeñado en llevarnos a los tiempos antediluvianos de la teoría sobre la crisis para convencernos de que no se trata únicamente de dificultades de realización, de desproporciones o de contracción de los mercados, sino de la inviabilidad del capitalismo como sistema de producción y valorización! Lenin apunta a la estructura económica y social, a la envoltura del sistema que está a punto de estallar (y que está, de hecho, estallando por todas partes), para que nos dispongamos a volarla cuanto antes; Quintana, por su parte y con la mejor buena voluntad del mundo, nos alerta para que no nos ocupemos tanto de la voladura y pongamos toda la atención en analizar cómo funciona el mecanismo de la producción.

Ahora podemos comprender mejor sus reproches a Lenin, por no haberse preocupado de la economía política y dedicar su valioso tiempo y su inmenso talento a formular la estrategia de la lucha revolucionaria que requiere esta situación. Desde luego, no se puede entender tanto descuido ni tanta tozudez por parte de Lenin, que nos ha dejado sin una teoría acabadita sobre la crisis de superproducción absoluta de capital antes de que llegara a producirse y cuando tenía la seguridad de que jamás se iba a producir, ya que el capitalismo, por más que se enconen sus contradicciones económicas, por más profunda que pueda llegar a ser la crisis crónica que padece desde hace tiempo, siempre encontrará una salida que proporcione una ganancia extraordinaria a los grandes magnates del capital, como está ocurriendo, aunque sea a costa de empobrecer y aniquilar a la mayor parte de la humanidad, de arruinar y destruir el mundo entero, la biosfera, la estratosfera y el reino de los cielo que nos cobija.

Cuando Lenin afirma que el capitalismo marcha hacia la bancarrota, hacia el completo hundimiento, está señalando una tendencia inevitable, que ya hoy se ve con claridad en todas partes, resultado de las propias contradicciones internas del sistema. Pero Lenin no se refiere únicamente al aspecto económico, sino que relaciona la bancarrota económica con el hundimiento político; es decir, Lenin apunta en el sentido de la crisis política y económica. Con ello deja entrever que no va ser en el plano económico únicamente en el que se va a resolver el problema. Es más, por todo lo que llevamos dicho se comprenderá fácilmente que ni siquiera se puede plantear la cuestión desde ese punto de vista, ya que la contradicción fundamental, cuya solución está exigiendo la historia desde hace tiempo, no es de tipo económico, no es la contradicción entre la producción y la valorización, por más que le pese al amigo M. Quintana; no es una contradicción que se pueda resolver dentro del mismo sistema capitalista ni aunque sea forzando o dilatando sus marcos, sino que se trata de contradicciones que resultan de factores contradictorios, que han permanecido unidos, pero que ahora se excluyen mutuamente entre sí: por un lado las fuerzas productivas sociales, las cuales han alcanzado un grado tal de desarrollo que ya no caben en el estrecho marco de las relaciones capitalistas de producción y estallan por todas partes. Por otro lado, la contradicción que se produce entre esa base económica y la superestructura política e ideológica de la sociedad. Todo lo cual se manifiesta en el desarrollo de la lucha de clases, principalmente en la lucha del proletariado contra la burguesía. Es en el terreno de la lucha de clases, en el cambio en la correlación de las fuerzas sociales que se dan en la sociedad, donde únicamente se pueden resolver dichas contradicciones. La crisis económica de superproducción y la crisis social y política que trae consigo favorecen el desarrollo de la lucha de clases y la toma de conciencia política del proletariado y su vanguardia, pero deberán ser éstos los que derroquen a la burguesía, creen un nuevo poder y lleven a cabo el cambio necesario de la estructura económico y social.

En este sentido se puede decir que el capitalismo, si bien tiende al derrumbe y crea condiciones favorables para ello, no se derrumba por sí solo o por la propia inercia de los factores económicos. Hace falta darle un empujón, hay que derribarlo mediante la lucha y la revolución socialista, creando la conciencia y la organización necesarias para ello.

Sobre este particular, Lenin fue muy claro en su discurso pronunciado en el II Congreso de la Internacional Comunista celebrado en agosto de 1920:

Llegamos ahora a la cuestión de la crisis revolucionaria como base de nuestra acción revolucionaria. Aquí es necesario, ante todo, hacer notar dos errores muy extendidos. De una parte, los economistas burgueses presentan esta crisis como una simple ‘inquietud’, según la elegante expresión de los ingleses. Por otra parte, los revolucionarios tratan a veces de demostrar que la crisis no tiene ninguna salida. Esto es un error. No existen situaciones absolutamente sin salida. La burguesía se comporta como una fiera envalentonada y que ha perdido la cabeza; comete una tontería tras otra, agravando la situación, acelerando su perdición. Todo esto es cierto. Pero no puede ‘probarse’ que esté descartada en absoluto la posibilidad de que adormezca a una cierta minoría de los explotados, mediante algunas concesiones de poca monta, de que reprima tal o cual movimiento o insurrección de tal o cual parte de los oprimidos y explotados. Intentar ‘probar’ por adelantado la falta absoluta de salida, sería una mera pedantería o un juego de conceptos y de palabras. La verdadera ‘prueba’, en esta y en otras cuestiones semejantes, puede ser tan sólo la práctica. El régimen burgués atraviesa en el mundo entero la más grande crisis revolucionaria. Los partidos revolucionarios deben ‘probar’ ahora con su trabajo práctico que poseen suficiente conciencia, organización, vínculos con las masas explotadas, decisión y capacidad para aprovechar esta crisis para una revolución triunfante, victoriosa (46).

(38) Lenin: Contribución a la caracterización del romanticismo económico.
(39) Lenin: El desarrollo del capitalismo en Rusia.
(40) C. Marx: El Capital, Tomo I.
(41) Lenin: Marxismo y revisionismo.
(42) C. Marx: El Capital, Tomo III.
(43) Ibidem.
(44) F. Engels: Anti-Dühring.
(45) Lenin: El imperialismo, fase superior del capitalismo.
(46) Lenin: Obras Completas, tomo XXV.

(***) Contrariamente a lo que se suele creer, el término capital financiero no se refiere al capital bancario, pues tal como indicó Lenin, saliendo al paso de la definición que hiciera Hilferding, que identificaba capital bancario con capital financiero: Esta definición no es completa, por cuanto no se indica en ella uno de los aspectos más importantes: el aumento de la concentración de la producción y del capital en un grado tan elevado, que conduce y ha conducido al monopolio… Concentración de la producción, monopolios que se derivan de la misma; fusión o ensambladura de los bancos con la industria: tal es la historia de la aparición del capitalismo financiero y lo que dicha concepción encierra (Lenin: El imperialismo, fase superior del capitalismo).
(****) Si las crisis muestran que la burguesía es incapaz de administrar por más tiempo las fuerzas productivas modernas, la transformación de las grandes empresas de producción y de circulación en sociedades por acciones y propiedad del Estado, muestra la posibilidad de prescindir de la burguesía, pues empleados asalariados cumplen actualmente todas las funciones sociales del capitalista. El capitalista no realiza hoy otra actividad social sino la de cobrar ingresos, cortar cupones y jugar a la Bolsa, en que se sustraen unos a otros su capital (F. Engels: Anti-Dühring).

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