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Enver Hoxha, estadista de talla mundial


Conferencia de Bill Bland a la Sociedad Albanesa en 1985; transcrita por el Camarada Norbert Stenmayr

‎"Cuanto más preparada esté la gente trabajadora para la lucha revolucionaria, mayor será la posibilidad de una transición pacífica al socialismo"

‎”Cuanto más preparada esté la gente trabajadora para la lucha revolucionaria, mayor será la posibilidad de una transición pacífica al socialismo”

Creo que el título de mi conferencia –“Enver Hoxha, Estadista de Talla Mundial”– debe de haber causado alguna que otra sorpresa. Les guste o no su política, la mayoría de la gente aceptaría que Ronald Regan y a Mikhail Gorbachov son estadistas de talla mundial. Pero Enver Hoxha fue el líder de un pequeño país del tamaño de País de Gales, con una población de menos de tres millones de habitantes. ¿Puede el líder de un pequeño país ser realmente un hombre o una mujer de Estado de talla mundial?

Sin embargo, hace sólo unos años decenas de miles de personas marchaban por las calles de las ciudades de todo el mundo gritando con admiración el nombre de Ho Chi Minh. La política de Ho no era la misma que la de Enver Hoxha, pero fue el líder de un pequeño país que infligió a los poderosos Estados Unidos de América la primera derrota militar de su historia.

Albania también ha resistido de manera satisfactoria numerosas tentativas de absorción, invasión, desmembración y desestabilización por parte de Grecia, de Yugoslavia, de la Unión Soviética tras la muerte de Stalin, de China, de Gran Bretaña y de los Estados Unidos. Y ha construido una economía socialista planificada que, actualmente, es única en el mundo.

¿Cuál es la razón de que Albania haya experimentado, en los últimos cuarenta años, un desarrollo tan diferente al de los otros países del sudeste de Europa?

La causa no puede hallarse en ninguna particularidad geográfica o histórica de Albania. Se encuentra en el carácter específico del liderazgo del partido político que ha sido la fuerza principal de la sociedad albanesa durante estos cuarenta años. Y, durante estas cuatro décadas, en ese liderazgo ha ocupado un puesto preeminente Enver Hoxha, que murió en abril a la edad de 76 años.

Algunas personas han expresado su sorpresa por el hecho de que la muerte de Hoxha haya sido recibida con tan virulenta hostilidad por casi toda nuestra prensa, radio y televisión. Pero esto no debería sorprenderles.

La exitosa construcción de una sociedad socialista planificada en Albania –una sociedad sin beneficios, sin millonarios, sin paro, sin inflación, sin impuestos y con un nivel de vida constantemente creciente– es una amenaza para todo lo que The Sunday Times y la B.B.C. consideran “civilización occidental “.

A Enver Hoxha no le habrían sorprendido los obituarios publicados en los medios de comunicación británicos. Cuando la prensa británica elogia a alguien que se llama a sí mismo “socialista”, es preciso cuestionar la autenticidad de su “socialismo”. Desde luego, toda esta propaganda hostil no obtiene por completo los resultados que pretende. Durante la semana en la que se publicaron tales obituarios, la Sociedad Albanesa recibió más solicitudes de ingreso que en cualquier mes de los últimos veinticinco años. Un minero de Gales del Sur me escribió lo siguiente: “Habiendo leído los reportajes de prensa sobre la muerte de Enver Hoxha, mi experiencia de la prensa británica durante los doce meses de la huelga minera me impulsa a querer saber más sobre Albania”.

Por otra parte, algunas personas se dejaron engañar totalmente por esta propaganda. En efecto, recibí varias cartas que decían: ” No entiendo por qué usted, en su carta de protesta a la B.B.C., negó que Enver Hoxha fuera un ‘dictador’. Seguramente la Constitución albanesa define al estado albanés como una ‘dictadura’ “.

Ciertamente lo hace. Pero define al estado albanés como una “dictadura de la clase obrera”, y no de un individuo. Esto significa simplemente que en Albania el poder político está en manos de la clase obrera, que la clase obrera es la que gobierna. Los albaneses no presentan la “dictadura de la clase obrera” como opuesta a la democracia. Al contrario, utilizando el término “democracia” en su sentido griego clásico –“gobierno de la gente común “–, mantienen que el poder de la clase obrera es la única democracia genuina.

El Partido del Trabajo de Albania considera a Gran Bretaña como una dictadura –como un estado en el que el poder político se halla en realidad en manos del Gran Capital. Pero con este término no quieren decir que Margaret Thatcher ejerza una dictadura personal. Sin embargo, el líder del partido dirigente de Gran Bretaña tiene más poder constitucional que el líder del partido dirigente de Albania: él o ella se convierte automáticamente en primer ministro y tiene el derecho de nombrar y despedir a los Ministros.

El liderazgo del Partido del Trabajo de Albania –que constituye el núcleo de la sociedad albanesa– siempre fue colectivo, aunque Enver Hoxha desempeñara un papel preeminente en dicho liderazgo. Pero esa posición de preeminencia fue el resultado de las capacidades excepcionales de Hoxha y de su servicio desinteresado a la gente trabajadora, así como del respeto y el cariño que estas cualidades le ganaron.

Consideremos más atentamente las causas del curso único del desarrollo social de Albania.

Hoy día, el sistema social de Grecia es muy diferente del de la vecina Albania. Todavía en 1944 la situación era muy similar en los dos países. Ambos se hallaban bajo la ocupación alemana; ambos tenían movimientos nacionales de liberación liderados por sus respectivos partidos comunistas; ambos contaban con espúreos movimientos “nacionalistas” de derecha, apoyados por el oro y las armas británicas, que luchaban contra los movimientos nacionales de liberación en colaboración con las fuerzas nazis; en ambos países desembarcaron tropas británicas con el propósito aparente de “ayudar” a la liberación.

Fue la distinta reacción de los dos partidos comunistas la que dio lugar a los diferentes resultados de ambos países.

Los líderes del llamado “Partido Comunista de Grecia” firmaron una tregua con los colaboracionistas de derechas, colocaron sus fuerzas bajo el mando del gobierno derechista en el exilio y del Comandante en jefe británico, y dieron la bienvenida a las tropas británicas.

Los líderes del Partido Comunista de Albania –hoy Partido del Trabajo– destruyeron a las fuerzas colaboracionistas; agradecieron a las tropas británicas su “oferta de ayuda”, pero insistieron en que se retirasen del suelo albanés. Y así lo hicieron.

Veamos otra faceta del curso único del desarrollo de Albania.

En 1945 todos los países de Europa Oriental (excepto Grecia) seguían el modelo de la Unión Soviética bajo Lenin y Stalin, en pro de la construcción de sociedades socialistas planificadas basadas en los principios del marxismo-leninismo.

Hoy en día, sólo Albania sigue adhiriéndose plenamente a aquellos principios.

Evidentemente, ésta no es la impresión que uno puede sacar de las páginas de Pravda. Pero, al igual que nuestra prensa “popular”, éste ya no es un periódico que aspire a la verdad sino al engaño de masas.

Si uno estudia los diarios económicos especializados de la URSS, surge una imagen muy diferente. Las supuestas “reformas económicas” establecidas tras la muerte de Stalin abandonaron la planificación económica centralizada; la rentabilidad de cada empresa se convirtió una vez más en el móvil y regulador de la producción.

Ciertamente estos beneficios, como en los esquemas occidentales ortodoxos de “reparto de beneficios”, son compartidos por el personal entero de la empresa. Pero se distribuyen según la denominada “responsabilidad en la obtención de beneficios”, lo que significa que la mayor parte va a la dirección. La última estadística muestra que el 51 % de los beneficios van a los trabajadores (que forman el 96 % del personal), mientras que el 49 % van a la dirección (que forma el 4 % del personal).

La restauración del móvil del beneficio en la Unión Soviética supuso la dependencia de las fuerzas del mercado, según las leyes de la “oferta y la demanda”. Esto significa, como en otras partes, que a menudo es más provechoso producir artículos de lujo para los ricos que artículos de primera necesidad para la gente trabajadora.

Enver Hoxha describió la sociedad soviética contemporánea como una sociedad esencialmente capitalista, en la que la gente trabajadora era explotada por una nueva clase dirigente, una nueva clase capitalista: los directores de empresa. Advirtió que todos los fenómenos negativos asociados con el capitalismo comenzaban a reaparecer: las crisis de “superproducción”, la inflación, el desempleo, etc.

Ciertamente, los diarios económicos soviéticos no hablan de “paro” sino sólo de “trabajo excedente”. ¡Para solucionar este problema se ha creado un “plan de empleo juvenil ” y una campaña oficial que insiste en que “el lugar de la mujer está en casa!” Se publican cartas exigiendo no, desde luego, “subsidios de desempleo”, sino “estipendios” para los trabajadores que se encuentran “entre empleos”.

Dicho desarrollo ha tenido lugar –a veces más rápido, otras veces con más lentitud– en todo los países socialistas de Europa, excepto en Albania.

Mientras que la constitución albanesa prohíbe la ayuda y los créditos extranjeros, los demás países tienen obligaciones no sólo con la Unión Soviética, sino con las instituciones financieras occidentales. El fuerte endeudamiento de divisas de Bulgaria es de 9.000 millones de dólares, el de Hungría de 10.000 millones de dólares, el de Yugoslavia de 19.000 millones de dólares y el de Polonia de 26.000 millones de dólares (del que no puede pagar ni siquiera la deuda de intereses).

Las cifras oficiales muestran que en Polonia los salarios reales de los trabajadores disminuyeron más del 30 % entre 1981 y 1984 .

La inflación en Polonia llega anualmente al 38 %, y en Yugoslavia al 57 %.

El paro en Yugoslavia alcanza al 13 % de la fuerza de trabajo (el 30 % en la provincia albanesa de Kosovo).

Desde luego, hubo albaneses prominentes que intentaron conducir a Albania por este mismo camino de “degeneración capitalista”, en palabras de Enver Hoxha.

Fue principalmente Hoxha quien encabezó la lucha ideológica contra los puntos de vista de estos individuos. Estas luchas, por lo general, aparecen descritas en nuestra prensa como “luchas personales por el poder”. Pero no existía nada semejante. Había en todo caso luchas por principios –en las que Hoxha logró mantener satisfactoriamente la independencia y el socialismo de su país.

Seamos o no socialistas, la cuestión del socialismo –cómo lograrlo y cómo mantenerlo– es una cuestión de importancia internacional.

El marxismo-leninismo ha sostenido siempre que en los países capitalistas el estado –sin importar su parafernalia parlamentaria– es en realidad la dictadura del Gran capital. Por lo tanto, siempre ha sostenido que este aparato estatal de fuerza será utilizado contra cualquier tentativa de establecer una sociedad socialista, de modo que la gente trabajadora debe estar preparada para la lucha revolucionaria. Siempre ha mantenido que la creencia de que puede lograrse un cambio fundamental de la sociedad a través de las urnas no es más que una peligrosa ilusión. Esto no implica necesariamente una guerra civil sangrienta y prolongada –el número de personas que murieron en la Revolución de Octubre en Rusia fue mucho menor que el número de muertos en las carreteras de Manchester durante un domingo de verano típico. La famosa frase de Hoxha era:

“Cuanto más preparada esté la gente trabajadora para la lucha revolucionaria, mayor será la posibilidad de una transición pacífica al socialismo”.

La mayor parte de los viejos partidos comunistas, sin embargo, han rechazado estos principios fundamentales del marxismo-leninismo en favor del concepto de la “transición parlamentaria al socialismo”. En palabras de Hoxha, se han vuelto “revisionistas”, han “revisado” el marxismo-leninismo rechazando su núcleo fundamental.

El papel principal en la lucha contra este “revisionismo moderno” fue indudablemente desempeñado por Enver Hoxha, que durante toda su vida adulta se adhirió firmemente a los principios marxistas-leninistas. Y, como he dicho antes, seamos o no socialistas éstas son cuestiones de importancia mundial. El destacado papel de Hoxha en estas cuestiones le convierte, también en este aspecto, en una figura de talla mundial.

Además, fue autor de toda una serie de libros, no sólo sobre Albania sino también sobre Yugoslavia, la Unión Soviética, China, el Oriente Medio, etc., que constituyen una lectura esencial para cualquiera que desee estudiar seriamente los asuntos mundiales.

Pero es como arquitecto principal de la Albania Socialista cuando las cualidades de liderazgo de Enver Hoxha brillan de manera más clara y evidente

En cuarenta años Albania pasó de ser el país más atrasado de Europa a un estado industrializado avanzado.

¿En qué otro lugar del mundo no existe ningún paro, con el derecho al trabajo preservado en la Constitución?

¿En qué otro país pueden encontrarse alquileres por el 3 % de los ingresos?

¿En qué otro país no existen tasas, impuestos o contribuciones a los servicios sociales, habiendo además un servicio médico gratuito?

¿En qué otro país pueden encontrarse pensiones no contributivas con el 70 % de la paga, que en ciertas ocupaciones se perciben a los 55 años?

Cuando un visitante va desde Gran Bretaña –con sus tierras industriales estériles, con sus cuatro millones de parados, con sus servicios sociales en disminución– a Albania, se encuentra un país que es una enorme obra de construcción, un país cuya gente tiene una confianza bien fundada en que cada año su nivel de vida mejorará a medida que aumente la producción.

Algunos reporteros de prensa afirman que Albania es “aburrida’.

Estos reporteros no encuentran ningún show de “strip-tease” en el Soho, ningún casino Mayfair, ninguna revista pornográfica, ningún traficante de heroína, ningún grupo de música “pop”. Enver Hoxha dijo una vez: ” Nuestros jóvenes no tienen ninguna necesidad de drogas para evadirse de la realidad “.

¡Quizás estos reporteros consideren aburridos los acontecimientos deportivos albaneses porque uno puede ir a un partido de fútbol y animar al equipo visitante sin correr el riesgo de que le claven un cuchillo por la espalda!

¿En qué país sino en Albania puede irse al cine por el equivalente de 15 peniques?

¿Qué otro país del mundo con una población inferior a los tres millones cuenta con 7 orquestas sinfónicas y produce aproximadamente 15 películas al año?

¡Quizás los que consideren que Albania es “aburrida” tengan unos valores culturales corrompidos!

Sólo tenemos que mirar las fotos de Albania antes de 1939 –las imágenes que muestran su completo retraso, su gente trabajadora pobre y analfabeta–, para entender el respeto y el afecto que la gran mayoría de los albaneses sienten por el principal arquitecto de su progreso social, Enver Hoxha, y para comprender el dolor genuino y espontáneo que se manifestó durante su funeral.

Se van a erigir en Albania varios monumentos a Enver Hoxha.

Pero el albanés común bien puede decir –en palabras de la inscripción a nuestro Cristopher Wren en la Catedral de San Pablo–: “¡Si buscas un monumento, mira a tu alrededor! “

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1 comentario

  1. Interesantisimo blog de difusion m-l !

    Animo a todos los revolucionarios que luchais por el Socialismo siguiendo la senda del marxismo-leninismo, con sus bases y principios universales e inmortales, como guia para la liberacion de los pueblos y de la humanidad de toda opresion y servidumbre.

    Iraultza ala hil!

    Responder

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