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Respuesta de Isabel Llaquet ante las torturas


SRI: ¿Te torturaron en tu paso por las comisarías?

"Si una organización que se declara comunista no se solidariza con los presos comunistas, será porque su comunismo es más que dudoso, o porque sólo lo son de palabra, no en los hechos"

I.LL: Cuando me detuvieron en Benidorm en 1977 nos trasladaron a Alicante y de allí a Madrid a las pocas horas. Íbamos cada uno en un coche, encapuchados, con un policía a cada lado. Yo notaba que estaba lloviendo y que el que conducía era novato. Los otros policías le decían que tuviera cuidado. Pero nos la dimos, y yo iba esposada con las manos atrás todo el viaje. El coche dio una vuelta de campana y me di un golpe en la cabeza. Gracias a eso no me pegaron mucho. Me cambiaron de coche y me pusieron las esposas delante. En esa época, como ya estábamos en “democracia” sólo se podía estar tres días en comisaría. Nos llevaron a la Audiencia Nacional. Yo pasé con el juez Chaparro, el del Tribunal de Orden Público franquista, que prorrogó mi detención unos días más para volver a ponernos en manos de la policía. Era una maniobra para burlar la nuevas leyes. Ibas tan contento pensado que pasabas a la cárcel y de repente te volvías a encontrar en la Puerta del Sol, en la Dirección General de Seguridad. Vuelta a los interrogatorios. Prorrogaron la detención unos días más, en total siete. Luego legalizaron la prórroga de las detenciones y hacían lo mismo pero sin pasar por el juez. La siguiente detención fue en Barcelona el 1 de octubre de 1980. Se acababan de fugar los cinco militantes de los GRAPO de Zamora y creían que yo sabía su paradero. En esa época empezaron a utilizar algo que se puede calificar de desaparición. Al llevarte a Vía Layetana no te registraban ni te fotografiaban. No estabas detenido oficialmente. Te metían en un cuarto preparado con la barra. Te colgaban de ella boca abajo y te golpeaban en las plantas de los pies y en la cabeza. Perdí la noción del tiempo. Cuando ya no sentía nada me bajaron al suelo porque no tenía sentido seguir pegándome. Llamaron a un médico y dijo que me tenían que llevar a un hospital. Me trasladaron a una pequeña clínica de la zona del puerto, al Pere Camps. Recobré la noción y me di cuenta de que me inscribían con un nombre falso. El médico era un viejo colaborador de la policía acostumbrado a hacer ese trabajo sucio porque oí que les decía que no me siguieran golpeando en la cabeza ni en los pies. También la enfermera, que era una monja, me aconsejaba que obedeciera a la policía porque así no me pasaría nada. Son recuerdos confusos en cuanto al tiempo pero pude ver la hora: me habían detenido por la mañana y llevaba ya casi un día entero en comisaría.

Luego me volvieron a llevar a Vía Layetana, me tendieron en el suelo y empezó la sesión de puñetazos en muslos, vientre y pechos, hasta que se cansaron. Ya no podía andar. Me metieron en un coche y me llevaron a Madrid. Pero no figuraba que hubiera estado antes en Barcelona. Al llegar me estaba esperando un traumatólogo y todo un equipo médico. El traumatólogo, que se presentó como uno que trabajaba para el Real Madrid, me hizo radiografías y me escayoló un pie. Me tendieron en una colchoneta en el suelo y no me tocaron ya más durante los nueve días restantes. Entonces ya habían aprobado la ley antiterrorista, que fijaba el plazo de detención en diez días. Yo estuve como 11 ó 12 pero los de Barcelona no contaban, así que todo era legal. Al llegar a la cárcel estaba negra como una africana en todas las partes del cuerpo donde tenía chicha. Así que el médico dio parte. Ahora lo hacen más sofisticadamente: con electrodos y otros métodos que no dejan tantas huellas. Pero entonces les daba todo igual. Hacían una campaña de que las cosas ya habían cambiado y casi nadie quería saber más.

En Francia es distinto, más sicológico. No te tocan, pero estás “sonado” porque no te dejan dormir durante los cuatro días de detención. Del Ministerio del Interior, donde te interrogan, te llevan a pequeñas comisarías cercanas que se llenan de prostitutas y pequeños delincuentes, donde pasas las noches sentada en un banco. Al lado de la policía española, el trato francés parece refinadísimo.

Entrevista completa en El Diario Internacional

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