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Sobre el oportunismo de izquierda por el PCE(r) [1976]


Como todo Partido Comunista, el nuestro, ha nacido y se ha fortalecido en la lucha contra la burguesia. “El comunismo es una fuerza inmensa que cuenta con millones de partidarios en todo el mundo. Y, como siempre ha sucedido, esta fuerza se abre paso en la lucha contra la ideología burguesa y sus variantes mixtificadoras del marxismo” (del Informe Político). Esas variantes de la ideología burguesa que tratan de meterse de rondón en las filas del proletariado, toman diversas formas y representan los intereses de determinadas capas o grupos de la burguesía.
Después de que Carrillo y su grupo consiguieron instalarse en la dirección del Partido y apareció clara su línea de colaboración con el fascismo, se produjo entre los elementos sanos que aún quedaban en él una fuerte oposición. Esta oposición se desarrolló sobre todo en el extrajero alentada por la lucha que venía sosteniendo el movimiento comunista internacional contra el revisionismo moderno.
Mientras tanto en el interior del país se habían desarrollado algunos grupos pequeño-burgueses, sobre todo en la Universidad. Estos grupos entre los que sobresalió durante algún tiempo el llamado Frente de Liberación Popular (FLP), sostenían unas posiciones idealistas completamente alejadas de la realidad. No obstante, y en el medio en que se desarrollaban contaban con simpatías y algunos partidarios. Del FPL se derivaron otras corrientes trotskistas y populistas que impregnaron con sus concepciones al movimiento de izquierda.
Es conveniente aclarar que nosostros no dudamos de las buenas intenciones que en un primer momento guiaron a buena parte de los que rompieron con el revisionismo y se integraron en la corriente de izquierda. Nosotros mismos nacimos de ella. Pero como decía Lenin: “el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”. En el Informe Político nosotros añadimos: “con ser comprensible en quienes obran de buena fe, no es suficiente con proclamarse comunista o partidarios del comunismo para llegar a serlo”. Precisamente la confusión era lo que predominaba en la corriente de izquierda, lo que llevó a muchos de los que integraban aquel movimiento a constituir “partidos comunistas” en base a las concepciones más peregrinas.
¿Qué era lo que caracterizaba a estos “partidos”? “Su composición de clase pequeño-burguesa, el idealismo y la impaciencia que caracteriza sus concepciones y su práctica, la incapacidad mostrada por sus dirigentes para resolver el problema básico que se plantea siempre en todo Partido Comunista: definir justamente el carácter y la táctica de la revolución y trazar con forma a ellas un plan justo para la organización de la misma” (Informe Político).
Tanto el llamado PCE(m-l), que fue el primero que surgió, como el llamado PCE(i), como los grupos más claramente trotskistas, ORT y MCE que han nacido y se han desarrollado a la sombra de la Iglesia, reunen esas características. No son, pues, nada extraño sus vacilaciones, su inconsecuencia, sus bandazos a derecha e izquierda, los continuos “cambios” en sus línea, etc, etc., y naturalmente, al final, en vista de su impotencia y sus prisas por “dirigir a las masas”, se colocan todos ellos a la zaga del revisionismo.
El llamado PCE(m-l), se propuso aplicar en España la línea de la revolución china y, para eso, tuvo que transformar nuestro país en semifeudal y atribuirle una supuesta colonización por parte de los yanquis. Naturalmente, su línea, confrontada con la realidad de un paíscomo el nuestro con un alto grado de desarrollo industrial, donde la clase obrera constituye casi el 70 por ciento de la población activa y un sistema monopolista de Estado, les ha llevado al ridículo y lo que es peor, a emprender aventuras que han tenido un resultado desastroso.
En contraposición a éstos, el PCE(i) consideraba, justamente, que la revolución pendiente en España es socialista. Esto es cierto, pero en España, además, la existencia del fascismo condiciona las relaciones sociales y crea muy buenas condiciones para unir a grandes capas de la población interesadas en destruir el fascismo.esto no cambia el carácter de la revolución, no quiere decir que esté pendiente una revolución democrático-burguesa, pero modifica la táctica y permite una vez destruido el fascismo dar pasos hacia la revolución socialista.
¿Dónde les conducía a los del PCE(i) el olvidar la existencia del fascismo?: al trotskismo, a lanzar consignas como “clase contra clase”, a privar a la clase obrera de aliados y facilitar las cosas a la burguesía monopolista.
Recientemente el PCE(i) ha “descubierto” la existencia del fascismo, pero para decir lo mismo que el revisionismo, cambiar de nombre y convertirse en el satélite de los carrillistas.
En cuanto al resto de los grupos, como dice el Informe Político, son sólo variantes de los anteriores, aunque nunca se definen claramente. Sobre todo en ORT Y MCE, se adivina con facilidad su procedencia por lo ambiguo de sus posiciones y la forma en que rehuyen la confrontación ideológica. Carecen de una línea definida, dicen estar de acuerdo con todo, pero su práctica es contraria a todo lo verdaderamente revolucionario. Por sus palabras podría pensarse que están con nosotros, pero los hechos nos dicen que están en las filas del enemigo.
Las posiciones de todos estos grupos están hoy muy claras para cualquiera que quiera verlas, y el desarrollo de los acontecimientos, con la agudización de la lucha de clases en nuestro país, nos ha podido delimitar los campos con ellos. Esto no ocurría antes así. En nuestras propias filas y entre los elementos avanzados de las masas existía una gran incomprensión de estos problemas, como ya había ocurrido con respecto al revisionismo. Muchos camaradas no entendían que al oportunismo de derecha (revisionismo) le completa el oportunismo de izquierda (trotskismo) y sus variantes y que en definitiva, esas dos posiciones, en apariencia antagónicas, son variantes de la ideología burguesa mixtificadora del marxismo que aparecen siempre en el desarrollo de toda revolución. Nuestro caso, el caso de España, no es raro, ni hay por qué asombrarse de ello. No obstante, si es cierto que a la confusión creada por el revisionismo vino a sumarse la originada por la creación de los dos primeros “partidos” a que hemos hecho referencia y sus posiciones absurdas.
Pero además, como se indica en el Informe, “hay otro aspecto a tener en cuenta: las condiciones en que se encuentra en nuestro país un amplio sectoer de la pequeña burguesía, privada de libertades y que está siendo esquilmado continuamente por los monopolios”. Como ocurrió con el anarquismo, estas capas de la sociedad, en los momentos de hundimiento del capitalismo y de grave agitación social, salen a la superficie y se organizan. “Pero ¿acaso pueden presentarse ante los obreros con la carcomida ideología burguesa? Está claro que no… de ahí el que se haya puesto tan de moda entre algunos grupos pequeño-burgueses cubrirse con el manto del comunismo y la utilización de una terminología pseudo-marxista”.
Con respecto a estos grupos la OMLE, en un principio, sostuvo una política de unidad. Nadie nos puede reprochar el que no hiciésemos todos los esfuerzos por clarificar la situación, por discutir con ellos e incluso hacer concesiones para lograr la unidad y trabajar juntos para reconstruir el Partido. Pero todo fue inútil. A nuestras proposiciones de unidad en base a los principios, y a fin de trabajar entre las masas, crear la organización comunista y elaborar juntos el programa, nos respondían con propuestas sin sentido, tales como “unidad por la base y en la acción”; o bien argumentaban que ellos ya eran el Partido, que nos integrásemos en él sin rechistar. Naturalmente a ninguna de estas cosas podíamos acceder y era nuestra obligación luchar contra esas posiciones oportunistas. A nuestra propuesta de hacer un solo periódico comunista (estábamos dispuestos incluso a renunciar al nombre de nuestro Órgano Central) nos respondían que lo mejorera crear muchos periódicos “comunistas”. ¡Y esto lo decían cuando el principal problemaque había que eliminar era la gran confusión y la dispersión que existía en el movimiento! Aquella época fue una contínua pelea por nuestra parte para hacer entrar en razón a aquellos cuyo único motivo para no aceptar nuestros argumentos residía en sus mezquinos intereses de grupo, de camarilla, en sus aspiraciones de jefecillos pequeño-burgueses. Los contactos y la práctica de estos grupos nos fue revelando su verdadero carácter.
A la vista de estas expectativas y de la trayectoria que han seguido, ¿se puede decir que obramos con ligereza al romper con ellos y proclamarnos la única organización m-l? ¿Fue acaso nuestro “subjetivismo” o nuestro “sectarismo” lo que nos hizo obrar así? Está claro que no, eramos conscientes de la gran responsabilidad que asumíamos y no cabe duda de que lo más sencillo en aquellos momentos hubiese sido seguir como estábamos para acabar chapoteando en el charco de todos ellos.
Durante bastante tiempo, la práctica de estos grupos (a excepción del “PCE(m-l)”) ha estado encaminada a fortalecer CC.OO, tratando de potenciar el tinglado fascista-revisionista. Todo se ha reducido a bailar al son que marca la batuta carrillista, lo que les ha conducido, ante la crisis del régimen de los monopolistas, a servir de peones de brega de la oligarquía, colaborando abiertamente con el fascismo en la maniobra de la “apertura”, tratando de llevar a las masas a al “participación” y a justificar los crímenes del régimen.
Podemos decir que nuestra Conferencia Nacional se equivocó bien poco al señalar donde iban a parar todos estos grupos. Hoy los tenemos con la burguesía, con sus Juntas y Convergencias, junto a los Camacho y los monopolistas ensalzando las excelencias de la “nueva democracia” fascista.

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