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PCE(r): El impacto de la Revolución de Octubre en España


Autor: PCE(r)

Extraído de: Aproximación a la historia del Partido Comunista de España

Todavía habría de transcurrir algún tiempo antes de que la prensa española diera a conocer las primeras y confusas noticias, casi perdidas entre las crónicas y partes de guerra de los frentes de batalla europeos, sobre la Revolución de Octubre.
La prensa obrera se hizo eco de los acontecimientos interpretándolos según sus respectivas tendencias y puntos de vista. El Socialista, portavoz oficial del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), no podía ocultar su contrariedad: Las noticias que recibimos de Rusia nos producen amargura. Creemos sinceramente que la misión de aquel país era poner toda su fuerza en aplastar el imperialismo germánico. Por el contrario, anarquistas y anarcosindicalistas asumieron la Revolución de Octubre como propia; las ideas anarquistas… -proclamaba ‘Tierra y Libertad’- habían triunfado.
Así, poco a poco, se iría conociendo en nuestro país el desarrollo, alcance y significado de esos diez días que estremecieron al mundo.

Los obreros, las masas trabajadores en general, acogieron la victoria bolchevique con entusiasmo; los terratenientes, el clero y la burguesía, como un fantasma que amenazaba con turbar su plácida existencia.
Sus temores no carecían de fundamento. También en España existía una situación revolucionaria. La permanencia de las estructuras agrarias arcaicas venía entorpeciendo el desarrollo del capitalismo. Esta contradicción había ensanchado el foso que separaba a la burguesía industrial de las castas terratenientes reaccionarias. Pero, además existía otra particularidad: no obstante ser un país industrialmente atrasado, el capital financiero mantenía un alto nivel de control y dominio sobre importantes ramas de la producción. Por todo esto, el agravamiento de las contradicciones generadas por la crisis del sistema capitalista, que había conducido a la primera guerra imperialista mundial, acentuaba mucho más la crisis del régimen político de la Restauración. Sin embargo, la burguesía no se atrevía a romper abiertamente con el viejo régimen por temor al proletariado, cuya fuerza e influencia política iban creciendo de día en día. La Revolución soviética vino a reforzarlas aún más, resaltando su papel como fuerza dirigente de la revolución.
Este conjunto de circunstancias explican que a España le afectara tan de lleno la crisis general del sistema capitalista en la nueva etapa imperialista y el que nuestro país se hubiera convertido en un área donde comienzan a confluir las contradicciones que enfrentan a las distintas potencias imperialistas.

Aunque el gobierno español se declaró neutral debido a la rivalidad de intereses e inclinaciones de las clases y grupos dominantes, la guerra tuvo hondas repercusiones económicas y sociales en España. Gracias a la neutralidad los capitalistas multiplicaron sus beneficios con el abastecimiento de productos agrícolas e industriales a los países beligerantes, consiguiendo una enorme acumulación de capital. Al mismo tiempo se producía un notable aumento del proletariado. Pero, al comenzar la recuperación económica de los Estados en conflicto, tras la firma del Armisticio en 1918, la situación cambió radicalmente: la conflictividad social va en ascenso con los despidos masivos, los bajos salarios y el encarecimiento de la vida; en las ciudades se hacen frecuentes los asaltos a almacenes y tahonas y se multiplican las huelgas y enfrentamientos con las fuerzas represivas, mientras que, en el campo, la lucha del campesinado -que en lugares como Andalucía se lanza a la revuelta al grito de ¡Viva Rusia!-, toma todas las características de una revolución agraria.

Sin embargo, el proletariado no estaba en condiciones de encabezar consecuentemente el movimiento revolucionario. Tal como se puso de manifiesto durante la huelga general insurreccional de agosto de 1917, carecía de una vanguardia que lo dirigiese en la lucha, forjara su unidad y asegurase su alianza con el campesinado. Por esta razón la crisis del régimen no desembocó, como en Rusia, en una revolución pese a que existían condiciones favorables para ella. De ahí que la primera enseñanza que cabía extraer de esos acontecimientos a la luz de Octubre era la de ponerse a trabajar para construir un partido obrero revolucionario en España.

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