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PCE(r) sobre Tito


Extraído de: Biografía de Stalin por el PCE(r)

Una de las última batallas ideológica que Stalin enfrentó al final de su vida fue contra el revisionismo yugoeslavo.

La denuncia de los manejos de Tito en los Balcanes no es fácil de exponer en el contexto en el que se desenvolvieron, pues hay varias cuestiones conexas de distinta naturaleza, entre las cuales tres de las más importantes que provocaron la ruptura fueron las siguientes:

  • La disolución del partido comunista dentro del Frente Popular, perdiendo su condición de vanguardia.
  • La Federación Balcánica.
  • La colectivización de la tierra en Yugoeslavia.

Además, la cuestión yugoeslava coincide en el tiempo con la revolución en Grecia y ambos acontecimientos no se pueden separar.

Como en Grecia, en Polonia y, en general, en todos los países europeos, en Yugoslavia existían también dos movimientos de resistencia antifascista. Uno dependía del gobierno reaccionario en el exilio (chetniks) y otro, más fuerte, estaba dirigido por los comunistas. A diferencia de todos los demás países en que se produjo esa dualidad, en el caso de Yugoslavia, Churchill decidió apoyar, no al gobierno reaccionario en el exilio, sino a los comunistas. El 10 de diciembre de 1943 se lo comunicó oficialmente al rey Pedro II e incluso argumentó las razones para esa opción: el presidente del gobierno exiliado Mijailovitch colaboraba en realidad con los ocupantes hitlerianos. En junio de aquel año Churchill ya había enviado a Tito una misión militar encabezada por el general Fitzroy MacLean y su propio hijo Randolph. Para evitar su bancarrota, el rey destituyó a Mijailovitch y los imperialistas británicos, verdaderos dueños de toda la región de los Balcanes, alentaron una entrevista entre Tito y Chubachitch, un delegado del nuevo gobierno exiliado, que se celebró el 16 de junio de 1944. Se acordó la unificación de la guerrilla, la formación de un gobierno único y Tito introdujo a dos antifascistas en el gobierno exiliado. Dos meses después, se produjo otra entrevista entre Churchill y Tito en Nápoles y ambos llegaron a una serie de acuerdos, entre los que cabe destacar:

  • Tito se opondría al retorno del monarca.
  • Abandonaría sus pretensiones sobre Triestre e Istria a Italia, Carintia a Austria y una parte de Macedonia a Grecia.
  • Pretendía integrar a los países de los Balcanes en una única Federación.
  • Se comprometía a no construir el socialismo en Yugoslavia.

De aquellos acuerdos, tan extraños para la época y tan diferentes -aparentemente- de la política británica hacia otros países, se desprendían, sin embargo, dos conclusiones claras: que Tito no era comunista y que, por el contrario, era una nacionalista que pretendía someter a todos los países de la región a través de la Federación Balcánica. La familiaridad de Churchill con un comunista como Tito era harto exótica. En sus Memorias el británico dice que aunque Tito se comprometió con él a no adoptar medidas socialistas en privado, se negó a hacer público ese compromiso. Según Dedidjer, el biógrafo de Tito, lo que éste dijo fue lo siguiente: La experiencia rusa será útil para nosotros, pero no nos impedirá tener en cuenta las condiciones particulares de nuestro país. La cosa no cambia en nada. En aquel tiempo ruso era sinónimo de comunista y, a la inversa, bastaba cualquier declaración de independencia hacia Moscú para indicar el alejamiento del comunismo. El eurocomunismo fue luego un buen ejemplo de ésto.

La paradoja era máxima en el caso de Yugoslavia porque, como en los demás países y a pesar de la demagogia imperialista, Stalin no tenía ningún interés específico en que Yugoslavia fuera una país socialista e incluso le recomendó a Tito que admitiera el regreso del rey. Su interés era preservar entre los Estados vecinos unos vínculos que garantizaran su seguridad, con los que pudiera mantener buenas relaciones y que no se prestaran a ningún tipo de provocaciones. Por el contrario, era Tito quien manifestaba pretender hacer de Yugoslavia un país socialista, si bien con un socialismo diferente. Por tanto, la denuncia de Stalin no radicaba en esa supuesta independencia de criterio por parte de Tito sino en su doble juego, en su enmascaramiento y en la confusión que sembraban sus teorías.

El nacionalismo de Tito no consistía sólo en esa independencia respecto a Moscú, sino que era de tipo expansionista y eso podía provocar graves disturbios en una región ya de por sí muy conflictiva históricamente. La federación balcánica era una vieja consigna del movimiento comunista internacional. Ya había sido aprobada en 1925 por el V Congreso de la Internacional Comunista cuando los revisionistas yugoeslavos se convirtieron en sus máximos defensores. Durante la guerra mundial, Tito llegó a entablar negociaciones con Bulgaria a este respecto. En diciembre de 1944 se entrevistó con Petar Todorov, enviado especial del gobierno búlgaro. Los comunistas búlgaros propusieron la formación de un Consejo Unificado de Gobierno, con Tito como primer ministro de la federación búlgaro-yugoeslava. Pero dos horas antes de la salida de la delegación búlgara para Belgrado, los soviéticos pidieron que permaneciera en Sofia. Primero de una forma velada y más tarde abiertamente, la Unión Soviética comenzó a oponerse al proyecto federal. En un momento en el que las fronteras en Europa aún no se habían delimitado, no era ni el momento ni la forma de llevarla a cabo.

Cuando terminó la guerra, el 27 de julio de 1947, Dimitrov y el ministro búlgaro de Asuntos Exteriores, Gueorguiev, se entrevistaron con Tito en Belgrado. El 2 de agosto se firmó en Bled un tratado que incluía a Albania, y, en contra de la práctica habitual, su texto fue inmediatamente difundido con gran despliegue publicitario. El artículo 2 del tratado regulaba la cooperación económica de ambos países, estableciendo incluso un tipo de cambio, así como la preparación de una unión aduanera, y la coordinación de medidas económicas, que alcanzaban a la energía eléctrica, las minas, la agricultura, los transportes y el comercio exterior. El artículo 3 abolía los visados y en virtud del artículo 7, Yugoslavia renunciaba a los 215 millones de dólares que aún quedaban por hacer efectivos de sus reparaciones.

También se concluyó un acuerdo secreto entre ambos países que sentaba las bases de un Estado búlgaro- yugoslavo, con el nombre de Unión de Repúblicas Populares Sur-eslavas. Esta parte secreta del acuerdo entre Yugoeslavia y Bulgaria dejó de serlo cuando Tito lo hizo público tras anunciarse su ruptura con la Kominform.

Pero Dimitrov fue aún más lejos. El 17 de enero de 1948 dijo: Con la condición y en el momento en que este problema esté maduro para su discusión, los países democráticos -Bulgaria, Yugoslavia, Albania, Rumania, Hungría, Checoslovaquia, Polonia, y tal vez, Grecia- decidirán cómo y cuándo tal federación tendrá lugar. Lo que ahora está haciendo el pueblo es preparar tal federación para el futuro. Como medida inmediata propuso la unión aduanera: Estamos convencidos de que sólo una unión aduanera puede realmente contribuir al desarrollo de nuestros pueblos, y por eso, concienzuda y animosamente, nos proponemos seguir adelante, en la elaboración de esta unión aduanera, abierta a todos los países que quieran integrarla. Con ello se perseguía una unión aduanera, no sólo de Bulgaria y Yugoslavia, sino una federación de todos los países balcánicos y danubianos. Tito pretendía territorios de todos sus vecinos y en su Federación Balcánica tenía intención de integrar, entre otros países, a Albania, que reaccionó valientemente contra estas pretensiones hegemonistas. Las sutiles pretensiones de Tito eran incorporar a aquel país no en pie de igualdad con Yugoslavia sino en las mismas condiciones que Serbia, Croacia, Montenegro o Eslovenia.

El asunto fue demasiado rápido y demasiado lejos. El 28 de enero de 1948 Pravda lanzó un ataque abierto contra Dimitrov, en el que se alegaba que estos países no necesitaban una federación problemática y artificial, ni una confederación o unión aduanera.Inmediatamente después de la crítica de Pravda, los dirigentes del Partido Comunista búlgaro, incluyendo al propio Dimitrov, rectificaron y dieron marcha atrás (discurso al II Congreso del Frente Patriótico, 2 de febrero de 1948).

La retirada de los comunistas búlgaros de la federación balcánica fue otra causa de descontento hacia la Unión Soviética para los revisionistas yugoslavos. Uno de éstos, Moshe Pijade, les responsabilizó del naufragio, tanto del proyecto de la federación eslava del sur como de todos los tratados de alianza concertados entre Yugoslavia y Bulgaria. Comenzaron a acusar a la Unión Soviética de imperialismo hacia los pequeños estados de los Balcanes, que es lo que ellos estaban tratando de imponer en Albania.

Todo esto introdujo una enorme confusión en el movimiento comunista internacional y dio lugar a un cúmulo de paradojas. La confusión sólo fue posible porque Tito y los suyos se hicieron pasar por comunistas y actuar como si tuvieran algo que ver con el comunismo. Por lo tanto, Stalin tenía, una vez más, absoluta razón cuando los desenmascaró como revisionistas y agentes del imperialismo. No hay punto intermedio entre el capitalismo y el socialismo, no hay ningún modelo distinto de socialismo, no hay vías ni atajos para construir una sociedad socialista, el socialismo no cambia en absoluto de un país a otro.

El revisionismo de Tito, como era corriente en la posguerra, adoptaba la forma de nacionalismo. La posición geoestratégica de Yugoslavia le concedía una baza muy importante, la supuesta pretensión de equidistar del capitalismo y el socialismo, la de encontrar una tercera vía, la de inventar un nuevo modelo de socialismo. Buscaba disponer de un amplio margen de maniobra en el terreno diplomático. Por eso Yugoslavia encontró pronto su lugar a la cabeza del movimiento de países no alineados. Pero no se puede ser comunista y nacionalista al mismo tiempo; los comunistas somos internacionalistas, que es todo lo opuesto al nacionalismo, una ideología esencialmente burguesa. El 28 de junio de 1948 el Kominform denunció públicamente al Partido Comunista de Yugoslavia como una organización revisionista y nacionalista. Las declaraciones contra el revisionismo yugoslavo se repetirían luego en otros foros comunistas, como en la declaración de Moscú de 81 partidos comunistas, celebrada en 1960.

Desenmascarado Tito y su Liga Comunista de Yugoslavia, las potencias imperialistas se volcaron en apoyar y financiar la reconstrucción del modelo de socialismo en Yugoslavia con millones de divisas, firmando inmediatamente tratados de colaboración económica con todas las grandes potencias.Posteriormente la rehabilitación de los revisionistas yugoslavos por su colega Jruschov, permitió que también pudieran a obtener financiación de la Unión Soviética y convirtió a Yugoslavia en un país privilegiado. El desarrollo capitalista en aquel país, como denunciara Stalin, se fundamentó en los mismos patrones que todos los demás países capitalistas: inversiones extranjeras, emigración, desempleo y turismo.

Para terminar de complacer a sus jefes imperialistas, Tito llevó a cabo su último acto de traición, cerrando la frontera con Grecia y permitiendo que la guerrilla griega fuera aplastada. Luego suscribió un pacto balcánico tanto con la Grecia reaccionaria como con Turquía, países ambos que formaban parte del dispositivo de la OTAN.

A la muerte de Stalin, otro revisionista, Jruschov, rehabilitó a Tito y a la Liga Comunista de Yugoslavia como organización integrante del movimiento comunista internacional, poniéndose de su lado sin que Tito hubiera variado lo más mínimo sus postulados. A través de Jruschov, las posiciones revisionistas de Tito se abrieron camino y, con ellas, el nacionalismo y la demagogia acerca de las vías nacionales diversas para construir el socialismo. Una de las consecuencia de esa rehabilitación, fue la reacción contraria del Partido del Trabajo de Albania a las nuevas tesis revisionistas que se imponían en Moscú y, en cosecuencia, la definitiva división del movimiento comunista internacional.

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