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Hoxha sobre el titismo


Autor: Hoxha
Extraido de: Eurocomunismo es anticomunismo

Después de la histórica victoria sobre la coalición fascista, los países socialistas y los partidos comunistas en particular, no debían envanecerse, creerse infalibles y olvidar o debilitar la lucha de clases. Stalin tenía presente este importante momento cuando subrayaba la necesidad de proseguir la lucha de clases en el socialismo.

Precisamente en estas circunstancias fue cuando los titistas salieron contra el marxismo leninismo. El titismo no se quitó desde un comienzo la máscara en su lucha contra la revolución, contra el socialismo, por el contrario trató de seguir enmascarado en su obra de preparar el terreno para desviar Yugoslavia hacia el camino capitalista y transformarla en un instrumento del imperialismo mundial.

Es un hecho conocido que el titismo se inclinaba en lo espiritual, ideológico y político hacia Occidente, hacia los Estados Unidos de América, que desde el principio mantenía numerosos contactos políticos y realizaba combinaciones secretas con los ingleses y otros representantes del capitalismo mundial. Los dirigentes yugoslavos abrieron de par en par las puertas a la UNRRA, a través de la cual y so pretexto de la ayuda que les daba en trapos y alimentos, almacenados como stocks desde la época de la guerra, los imperialistas norteamericanos e ingleses trataban de infiltrarse en muchos países del mundo y especialmente en los países de democracia popular. Los imperialistas querían preparar un terreno más o menos apropiado con vistas a emprender acciones futuras de mayor envergadura. Los yugoslavos se aprovecharon bien de los regalos de la UNRRA, pero ésta a su vez logró ejercer su influencia sobre los mecanismos estatales no bien consolidados del Estado yugoslavo recién constituido.

El imperialismo norteamericano y toda la reacción internacional apoyaron sin reservas al titismo desde un primer momento ya que vieron en él, la vía, la ideología y la política que conducían a la degeneración de los países del campo socialista, a escindirlos y romper su unidad con la Unión Soviética. La actividad del títismo coincidía enteramente con el objetivo del imperialismo norteamericano de socavar el socialismo desde dentro. Mas el titismo serviría a la estrategia del imperialismo también para paralizar las luchas de liberación y aislar del movimiento revolucionario a los nuevos Estados que acababan de sacudirse el yugo colonial.

Desde un primer momento, los revisionistas yugoslavos se opusieron a la teoría y la práctica del verdadero socialismo de Lenin y Stalin en todas las cuestiones y en todos los campos. Tito y su grupo ligaron Yugoslavia al mundo capitalista y asumieron la tarea de transformarlo todo en este país, la política, la ideología, la organización estatal, la organización de la economía, la organización del ejército, al estilo de los Estados capitalistas occidentales. Se proponían transformar Yugoslavia lo antes posible en un país burgués-capitalista. Las ideas de Browder, que eran las del capitalismo norteamericano, encajaron en la plataforma político-ideológica del titismo.

En primer lugar, los titistas revisaron los principios fundamentales del marxismo-leninismo acerca del papel y la misión del Poder revolucionario y del partido comunista en la sociedad socíalista. Atacaron la tesis marxista sobre el papel dirigente del partido comunista en todos los campos de la vida en el sistema de dictadura del proletariado. Siguiendo el ejemplo de Browder en Norteamérica, los titistas liquidaron prácticamente el partido y no sólo por cambiarle de nombre, al que calificaron de Liga de los Comunistas, sino por modificar sus objetivos, sus funciones, la organización y el papel que este partido debía desempeñar en la revolución y en la edificación del socialismo. Los títístas transformaron el partido en una asociación de educación y de propaganda. Despojaron al Partido Comunista de Yugoslavia de su espíritu revolucionario y, de tacto, llegaron al extremo de hacer desaparecer la influencia del partido, elevando por encima de éste el papel del Frente Popular.

En la cuestión cardinal del partido, el factor de dirección en la revolución y en la construcción del socialismo, entre el browderismo y el titismo existe una comunidad de puntos de vista políticos, ideológicos y organizativos. Dado que el titismo, al igual que el browderismo, es liquidacionista y antimarxista en el terreno decisivo del papel de vanguardia del partido de la clase obrera en la revolución y en la edificación del socialismo, lo es también en los demás terrenos.

La semejanza de los puntos de vista de los titistas con los de Browder aparece también en la actitud hacia la «democracia norteamericana», la cual tomaron como modelo para edificar el sistema político en Yugoslavia. El propio Kardelj ha admitido que este sistema «…es parecido a la forma de organización del Poder ejecutivo en los Estados Unidos de América».13

Después de liquidar el partido y romper con la Unión Soviética y los países de democracia popular, Yugoslavia se debatió en un caos de actividades económicas y organizativas. La propiedad estatal, los titistas la proclamaron como «social» y bajo la consigna anarcosindicalista: «las fábricas a los obreros», camuflaron las relaciones capitalistas de producción y pusieron los destacamentos de la clase obrera unos contra otros. A la colectivización de los pequeños productores que se le denominó el «modelo ruso», opusieron el «modelo norteamericano» de la creación de las granjas capitalistas y el fomento de las haciendas campesinas privadas.

Esta transformación en los terrenos económico, político e ideológico traería aparejada, naturalmente, como de hecho ocurrió, la transformación continua de la organización estatal, de la organización del ejército, de la organización de la enseñanza y la cultura. En los años 50 proclamaron el llamado socialismo de autogestión, que fue utilizado para disfrazar el régimen capitalista. Este «socialismo específico», según ellos, se construiría apoyándose, no en el Estado socialista, sino en los productores directos. Sobre esta base propugnaron la extinción del Estado ya en el socialismo, negando la fundamental tesis marxista leninista sobre la necesidad de la existencia de la dictadura del proletariado durante todo el período que media entre el capitalismo y el comunismo.

Para justificar su vía de traición y tratando de engañar a la gente los titistas se presentaron como «marxistas creadores» que se oponían sólo al «stalinismo», mas no al marxismo- leninismo. Así, se confirmó una vez más que la consigna del «desarrollo creador del marxismo y de la lucha contra el «dogmatismo» es la consigna preferida y común a toda variante del revisionismo.

Los Estados Unidos de América, Inglaterra, la socialdemocracia europea, etc., dieron a la Yugoslavia titista una múltiple ayuda política, económica, militar y la mantuvieron en pie. La burguesía no se oponía a que Yugoslavia conservara su apariencia socialista, incluso estaba interesada en ello. Solamente que este tipo de «socialismo» debía diferir fundamentalmente del socialismo previsto y edificado por Lenin y Stalin, al que los
revisionistas yugoslavos comenzaron a atacar, a calificarlo de «forma inferior del socialismo», de «socialismo estatista», «burocrático» y «antidemocrático». El «socialismo» yugoslavo debía ser una sociedad híbrida capitalista-revisionista, pero esencialmente burgués-capitalista. Debía ser un «caballo de Troya» para introducirse también en los demás países socialistas, con el fin de alejarlos del camino del socialismo y ligarlos al imperialismo.

Efectivamente, el titismo pasó a ser el inspirador de los elementos revisionistas y oportunistas en los países antaño socialistas. Los revisionistas yugoslavos desplegaron en esos países una vasta actividad de subversión y de zapa. Basta citar los acontecimientos de Hungría de 1956, en los que los titistas yugoslavos jugaron un papel muy activo para abrirle el camino a la contrarrevolución y hacer pasar este país al campo del imperialismo.

El lugar que ocupó el titismo en la estrategia general del imperialismo con vistas a minar desde dentro los países socialistas, lo ha explicado clara y abiertamente el propio Tito en su conocido discurso de Pula en 1956. Ya en aquel entonces declaró que el modelo yugoslavo del «socialismo» no es válido únicamente para Yugoslavia, sino que también lo debían seguir y aplicar los demás países socialistas.

También los conceptos y las teorías titistas sobre el desarrollo mundial y las relaciones internacionales se acomodaron a la estrategia del imperialismo norteamericano. El principal teórico del revisionismo yugoslavo, Kardelj, en su discurso de Oslo, ya en octubre de 1954 salió abiertamente en contra de la teoría de la revolución, voceando las «nuevas» soluciones que habría encontrado el capitalismo. Tergiversando la esencia del capitalismo monopolista de Estado, que acabada la Segunda Guerra Mundial adquirió vastas proporciones en bastantes países capitalistas, lo proclamó como un elemento del socialismo, al mismo tiempo que calificaba la clásica democracia burguesa de «reguladora de las contradicciones sociales en el sentido del reforzamiento gradual de los elementos socialistas». Declaró que estaba en curso una «evolución gradual hacia el socialismo». Y calificó este fenómeno de «hecho histórico» en una serie de Estados capitalistas. Estos conceptos revisionistas, en esencia idénticos a los de Browder, fueron incluidos en el programa de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia y se convirtieron en un instrumento de subversión ideológica y política contra el movimiento revolucionario y libertador del proletariado y de los pueblos.

Sobre esta base, los revisionistas yugoslavos elaboraron sus teorías y prácticas del «no alineamiento», las cuales iban en ayuda de la estrategia del imperialismo norteamericano para contener el ímpetu de la lucha antiimperialista de los pueblos del llamado «tercer mundo», para socavar sus esfuerzos en defensa de la libertad, la independencia y la soberanía. Los titistas les dicen a estos pueblos que sus aspiraciones podrán alcanzarse aplicando la política del no alineamiento, es decir, de la no oposición al imperialismo. Según los titistas la vía para el desarrollo de estos países se debe buscar en la «colaboración activa», en la «cooperación cada vez más amplia» con los imperialistas y con el gran capital mundial, en la ayuda y los créditos que deben obtener de los países capitalistas desarrollados.

El saber a dónde conduce el camino que preconizan los revisionistas de Belgrado, se encarga de demostrarlo la propia realidad de la actual Yugoslavia. Debido a su colaboración con el imperialismo norteamericano, con el social imperialismo soviético y los demás grandes Estados capitalistas, a las cuantiosas ayudas y créditos que ha recibido de ellos, Yugoslavia se ha transformado en un país dependiente del capitalismo mundial en todos los terrenos, en un país con independencia y soberanía cercenadas.

13 E. Kardelj, Las direcciones del desarrollo del sistema politico de autogestión socialista, Rilindja, Prishtina,1978, pág. 235

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