José Díaz: La República que nosotros queremos


Autor: José Díaz
Obra: La españa revolucionaria

Nuestros enemigos utilizan también en su propaganda el estribillo de que el Partido Socialista y el Partido Comunista, los obreros en general, son enemigos, no sólo de la monarquía, sino también de la República. Es una mentira más. Nosotros no somos enemigos de la República; nosotros, aunque seamos partidarios de la dictadura del proletariado, defendemos a la República. Pero una República que dé al pueblo todo lo que el pueblo necesita. Hay en el mundo una República -¿para qué hablar en teoría?- que ha hecho ya lo que aquí pedimos, que ha puesto en práctica todo lo que nosotros queremos y necesitamos, que ha hecho de un pueblo analfabeto, de un pueblo atrasado, de un pueblo sin industria básica, de un pueblo pobre -a pesar de sus grandes riquezas naturales-, de un pueblo que era, si cabe, tan atrasado como España, la verdadera República de trabajadores -no de “todas clases” como la nuestra-, que ha hecho de esta República la patria del proletariado del mundo entero. ¿Por qué no seguir su ejemplo? Esa sí que es una República de la cual se puede enorgullecer el pueblo.

Un pueblo inculto, sin industria fundamental, con un ejército que los zares habían adiestrado para las derrotas, se ha convertido en el primer país del mundo en cuanto a cultura -porque la cultura de los obreros de la Unión Soviética está por encima de la de todos los demás países-; ha pasado a ser el segundo país industrial del mundo -el primero de Europa-, y dentro de poco será también el primero del mundo; ha dado el bienestar a los campesinos, y hoy tiene un ejército, el glorioso Ejército Rojo, que se hace respetar por el mundo entero. Allí, los hombres de ciencia, los sabios, los intelectuales, no tienen trabas para desarrollar sus investigaciones científicas. Allí hay el estímulo, hay la ayuda del Estado a toda clase de iniciativas de la inteligencia. Y gracias a esto, hemos visto cómo, en tan corto espacio de tiempo, ha podido desarrollarse este país en todas las direcciones, en el plano de la economía y la cultura, de una manera tan formidable. Y tenemos, últimamente, un hecho formidable, conocido por todos los obreros y comentado también y admirado por todos los hombres libres y democráticos: el movimiento stajanovista -de Stajanov, minero del Don-, movimiento que es la demostración del grado de capacidad que adquieren los obreros en el régimen soviético.

Utilizando en forma más racional la técnica, se ha conseguido producir un mil por ciento más de lo que se producía; y hoy no es solamente ese compañero, Stajanov, el que aplica esos procedimientos, sino que son millares y millares de trabajadores de la Unión Soviética, os que, recogiendo las enseñanzas de Stajanov, han triplicado, cuadruplicado la producción echando por tierra todos los planes de los ingenieros y demostrando a los hombres que creían que el proletariado no tenía capacidad constructiva de cuántas iniciativas y de cuánto heroísmo son capaces los trabajadores, cuando saben que producen para sí y para el bienestar de la humanidad. Eso queremos hacer nosotros también para España. Pero cuando la tierra sea de quienes la trabajan, cuando las fábricas sean de los obreros, cuando tengamos una verdadera República, un gobierno de obreros y campesinos. No para engordar parásitos y explotadores, como ahora. ¿Está claro, pues, cuál es nuestro concepto de patria, en contraste con el de los “patriotas” de Alfonso XIII? Y este concepto de la patria, camaradas, puedo deciros que no es la primera vez que lo formula el Partido Comunista. Hay quien dice que la idea del amor por nuestro país, por el suelo en que hemos nacido, ha salido del VII Congreso de la Internacional Comunista porque lo planteó allí el camarada Dimitrov. Cierto, Dimitrov ha dado una magnífica lección a los fascistas alemanes, a los verdugos del pueblo alemán, que querían hacer creer que el noble pueblo búlgaro era un pueblo de bandidos, y ha demostrado que los bandidos son los fascistas de todos los países. Pero, yo quiero leer aquí unos párrafos de un artículo del camarada Lenin, escrito a raíz de 1905, después de la derrota de la primera revolución rusa. Son palabras de Lenin, la inteligencia más clara que ha conocido la historia, el internacionalista más consecuente del movimiento proletario mundial.

“Amamos a nuestro país -decía Lenin-. ¿Es que a nosotros, proletarios conscientes de la Gran Rusia, nos es extraño el orgullo nacional? ¡Claro que no! Nosotros amamos a nuestro idioma y a nuestro país. Nosotros trabajamos, sobre todo, para elevar a las masas trabajadoras de nuestro país (es decir, a las nueve décimas partes de su población) a la vida consciente de demócratas y socialistas. Nosotros sufrimos ante todo viendo y sintiendo las arbitrariedades, las humillaciones, el yugo que los verdugos imperialistas, los nobles y los capitalistas hacen sufrir a nuestra bella patria. Estamos orgullosos de que esas arbitrariedades hayan suscitado resistencias entre nosotros, los grandes rusos; estamos orgullosos de que nuestro pueblo haya dado hombres como Raditchev, los decembristas, los revolucionarios pequeño-burgueses de la década del 70; estamos orgullosos de que la clase obrera de la Gran Rusia haya creado en 1905 un potente partido revolucionario de masas, y que, al mismo tiempo, el campesinado de la Gran Rusia haya empezado a transformarse en demócrata y a libertarse moralmente del pope y del terrateniente”.

Y, unas líneas más adelante, dice:

“Obreros grandes rusos, penetrados de un sentimiento de orgullo nacional, queremos a toda costa una gran Rusia libre e independiente, demócrata y republicana, que establezca sus relaciones con sus vecinos sobre el principio humano de la igualdad y no sobre el principio humillante del servilismo y el privilegio para una gran nación. Por eso decimos: en la Europa del siglo XX, no se puede «defender la patria» más que poniendo en movimiento las fuerzas revolucionarias contra los monárquicos, los terratenientes y los capitalistas de «su» patria, es decir, contra los peores enemigos de nuestra patria”.

Esto es lo que decía Lenin después de 1905. ¡Qué bien se puede aplicar esto a los “patriotas” de nuestros días!

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