Hablemos del partido – PCE (r)


Agosto de 2000 – antorcha.org

Cuando hace 25 años celebramos el Congreso Reconstitutivo, el régimen nos rodeó con un espeso muro de silencio; tampoco faltaron los peones que desde la izquierda tolerada y tolerante añadieron algunas piedras para reforzarlo aún más. No es que no supieran de nuestra existencia -que aún hay quien recuerda, por ejemplo, cómo se llenaron las principales ciudades de España con pegatinas con nuestro flamante escudo-, es que prefirieron ignorarnos a la espera de que la policía hiciera el trabajo de evitarles tan molesta presencia.

Pues bien, murió Franco del disgusto que le dieron los GRAPO aquel 1º de Octubre de 1975, pasó Suárez -acabaremos con ellos aunque se escondan en el centro de la Tierra, dijo uno de sus ministros-, pasaron Calvo Sotelo El Breve y Felipe González, que hasta a nuestros presos quiso exterminar, y ahora tenemos al Aznarín, con el que hemos vuelto a los orígenes, entre otras cosas, en aquello de ordenar a sus voceros que cuanto menos se hable de ellos, mejor, lo cual no deja de ser un reconocimiento de que el Partido da mucho que hablar. Pasaron Carrillo, Gerardo Iglesias y Anguita, y Frutos ya nace pasado; y nosotros, como hemos visto en las últimas elecciones, haciendo nuestra modesta contribución para que los trabajadores les den su merecido como traidores y vendidos al capital. También pasaron el PCE(m-l), el PTE, el MC, la ORT y un sinfín de siglas que no cesaban de autoproclamarse el verdadero partido; y mira por dónde nosotros, que nunca quisimos sumarnos a su gallinero reformista y por ello recibimos los peores insultos de su parte -entre otras lindezas aquélla de que nuestra propaganda la hacía la policía-, somos los únicos que hemos sobrevivido a aquel movimiento de izquierdas en el que todos nacimos. Razones que expliquen nuestra tenaz pervivencia por más de 25 años, se pueden dar a montones. Pero hay una que las resume todas: efectivamente, somos el Partido de la clase obrera.

Sin embargo, hay otra parte de la realidad que no debemos ocultar. Pasaron las trascendentales luchas contra la reconversión y nuestro Partido no estaba en condiciones de ponerse al frente de ellas. Pasó el GAL y sólo pudimos denunciarlo como terrorismo de Estado entre los reducidos círculos donde entonces llegaba nuestra propaganda. Han estallado y estallan conflictos aquí y allá y falta nuestra presencia viva, directa, a pie de tajo. Esto hay que reconocerlo sin tapujos. Y surge la pregunta de por qué estas ausencias; para responderla debemos recordar que el enemigo que tenemos delante, el fascismo, también es consciente de que sin un Partido que lo dirija, el descontento de las masas apenas se expresará en estallidos espontáneos, que pueden ser ahogados con mano dura, siendo fácil presa de los lacayos sindicales y de los oportunistas. De ahí que en todo este tiempo hayamos sido perseguidos, detenidos, torturados, encarcelados y asesinados con una especial saña.
Pero, como hemos dicho otras veces, la represión no lo explica todo; si fuera así, y ante la enormidad de los medios del enemigo, pareceríamos condenados a la impotencia o la rendición. Lo fundamental, en nuestra opinión, es que la constante presión del régimen para barrernos del mapa se ha producido en momentos en que el movimiento de masas pasaba por unas especiales circunstancias de desorientación y desánimo fruto de la labor desarrollada durante décadas por el revisionismo, de las ilusiones creadas con la Reforma, y la frustración de esas ilusiones tras la subida de los GALosos al gobierno, por el hundimiento del campo socialista, etc. Todo ello, combinado con la intensa represión que también ha tenido que soportar el movimiento -¡acordémonos de Reinosa!-, es lo que nos ha impedido superar los efectos negativos que en el terreno orgánico han tenido las sucesivas campañas policiales contra nosotros.

Afortunadamente, hoy no estamos ni en los tiempos del inicio de la Reforma ni en la época de los 10 millones de votos del PSOE. Al contrario, esos millones de votos se han vuelto en su contra y el régimen se encuentra cada vez más aislado y sin salidas; en especial, el revisionismo se ha hundido en la bancarrota total y los felipistas no están en condiciones de volver a estafar a nadie. En estas condiciones, no nos debe extrañar que esté creciendo la influencia del Partido. Este es un hecho que nadie nos puede negar y que está fuera del alcance del régimen el poder evitarlo.
Día a día, los puntos de confluencia entre los elementos más avanzados de las masas y su vanguardia, el PCE(r), se van haciendo más frecuentes. Cada vez más conflictos y movilizaciones cuentan con la participación directa de nuestros militantes y simpatizantes y nuestra agitación y nuestras publicaciones se extienden a más barrios y centros de trabajo; cada vez son mejor aceptadas y asumidas por los trabajadores nuestras consignas de resistencia, lucha radical e independiente y boicot, destacando en relación con esto último la batalla contra los vendidos de IU de la pasada mascarada electoral; pero ha sido alrededor de la causa de la liberación de los presos políticos donde esta confluencia se ha hecho más evidente, en especial en la presente campaña por la liberación de Francisco Brotóns.

Pero no podemos darnos por satisfechos: seguimos siendo débiles; hay importantes zonas proletarias donde no existen organizaciones partidistas, faltan militantes y simpatizantes que lleven la línea del Partido a determinados lugares conflictivos, se sigue repartiendo poca propaganda, etc. Tenemos que ser conscientes de que se avecinan nuevas y más decisivas batallas de clase donde el Partido debe jugar el papel de vanguardia que la clase obrera demanda. Necesitamos transformar nuestra influencia en organización, necesitamos que por cada Brotóns en la cárcel haya 100 personas organizadas en la calle.
Escribía en el Resistencia núm. 47 un veterano militante del Partido a sus paisanos del Valle de Laciana (León) que acababan de librar una dura batalla contra el cierre de los pozos mineros; les advertía contra los acuerdos que habían firmado los mafiosos sindicales, recordándoles los tiempos en que la presencia activa del Partido en la cuenca les mantenía a raya, y terminaba su carta con un llamamiento: El Partido os necesita, vosotros necesitáis al Partido. Pues bien, hoy queremos hacer extensivo ese llamamiento para incorporarse al Partido y ponerlo en pie allí donde aún no existe a todos los obreros y los jóvenes antifascistas de todas las nacionalidades que componen el Estado español, en especial a sus elementos más conscientes, honrados y decididos.

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