Periodismo pagado por el pueblo y contra el pueblo


Extractos de: Historia del PCE (r)

La transición no se puede entender sin toda esta intoxicación periodística, que no tenía nada de espontánea sino que estaba bien planificada. El Estado fascista fue creando toda una red de colaboradores e informadores a sueldo infiltrados en todas las redacciones, utilizando para ello una parte de los fondos reservados: el denominado fondo de reptiles, con el que sufragan a los periodistas venales que se prestan a difundir las calumnias inventadas por los expertos en guerra psicológica. Además, el gobierno fue rodeando todos sus ministerio de gabinetes de imagen en los que se integraron buena parte de esos periodistas venales, con la tarea expresa de engañar, manipular y tergiversar.

Así el corresponsal en Estados Unidos, Alberto Valverde, que trabajaba en la Associated Press (peones de la CIA y enlace de Cambio16), montó una operación de desprestigio de la guerrilla, anunciando a toda plana: Según una agencia americana, los GRAPO son la extrema  derecha.

Por muchas inyecciones económicas que recibieron del Banco Atlántico, entonces también en manos del Opus Dei, el desprestigio de las publicaciones del Grupo 16 llegó a tal extremo que sus deudas aumentaron espectacularmente. […]  Las pérdidas de Diario 16 en su primer año de existencia, 1977, fueron cercanas a los setenta millones de pesetas de la época.

Cuando la revista iba a publicar una información sobre El Corte Inglés, Juan Tomás de Salas fue a entrevistarse con el presidente de los grandes almacenes y le pidió un millón de pesetas por no sacarla. Hecho el trato, mandó que se quitara la información.

Un último ejemplo de su manera de informar es el editorial de Diario 16 de 23 de marzo de 1981 que, aludiendo a la lucha armada, decía: “No hay derechos humanos en juego a la hora de cazar al tigre. Al tigre se le busca, se le acosa, se coge, y si hace falta, se le mata.

Esta campaña la continuaría luego el diario El País, y en ella participaron siempre el PCE y toda la nube de grupos seudoizquierdistas que aún pululaban por aquella época. Por ejemplo, Carrillo hablará siempre del extraño Grapo (3) y tras él irán todos los grupos oportunistas y reformistas de la época haciendo coro.

Durante los primeros ocho meses de su lanzamiento, El País perdió cien millones de pesetas de la época, tuvo un crédito de 29 millones para comprar maquinaria y consiguió grandes rebajas aduaneras en la importación de papel. A pesar de estas pérdidas, la oligarquía consideró muy positiva la primera etapa de El País cuyo grado de credibilidad alcanzó las cotas más altas.

Durante unos días, coincidiendo con la publicación de noticias referentes a las acciones de los GRAPO, llegó a vender 200.000 ejemplares y más. Pero tras él fracaso del Grupo 16 en su campaña de intoxicación, El País tuvo que ser utilizado por la oligarquía para atacar a las organizaciones armadas antifascistas.

Recurrieron a una ampliación de capital a primeros de 1977 pero no fue cubierta y tuvo que intervenir directamente el Banco de Santander, dirigido por Botín (por cierto entonces en negocios con Pinochet), que compró las acciones sobrantes para sus amigos.

Su etapa de gloria no llegaría hasta después de 1982 con el PSOE en el gobierno, que inyectaría a PRISA hasta un billón de pesetas. A partir de entonces, con este respaldo financiero, fue El País quien continuó la guerra psicológica.

(3) Memoria de la transición, Grijalbo, Barcelona, 1983, pg.51.

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