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Hoxha: Sobre el browderismo


Autor: Hoxha (Eurocomunismo es anticomunismo)

La nueva corriente que precedió al revisionismo moderno en el Poder fue el browderísmo: Esta corriente surgió en los Estados Unidos de América y tomó ese nombre del ex secretario general del Partido Comunista de los EE.UU., Earl Browder.

En 1944, cuando en el horizonte se perfilaba claramente la victoria de los pueblos sobre el fascismo, Browder salió públicamente con un programa totalmente reformista. Fue el primer pregonero de aquella línea ideológica y política de capitulación que el imperialismo norteamericano trataría de imponer a los partidos comunistas y a los movimientos revolucionarios. So pretexto del supuesto cambio de las condiciones históricas del

desarrollo del capitalismo y de la situación internacional, Browder declaró «caduco» el marxismo leninismo y lo calificó de sistema de dogmas y esquemas rígidos. Browder predicaba la renuncia a la lucha de clases, la conciliación de clases a nivel nacional e internacional. Juzgaba que el capitalismo norteamericano ya no era reaccionario, que podía remediar los males de la sociedad burguesa y desarrollarse siguiendo la vía democrática, en pro del bienestar de los trabajadores. Ya no veía el socialismo ni como ideal, ni como objetivo a alcanzar. De su campo de miras había desaparecido totalmente el imperialismo norteamericano, su estrategia y su política. Los grandes monopolios, pilares de este imperialismo, constituían para Browder una fuerza impulsora del desarrollo económico, social y democrático del país. Browder negaba el carácter de clase del Estado capitalista y consideraba la sociedad norteamericana como una sociedad única y armónica, sin antagonismos sociales, como una sociedad en la que reina la comprensión y la colaboración de Clases. Sobre la base de estas concepciones, Browder rechazaba igualmente la necesidad de la propia existencia del partido revolucionario de la clase obrera. Browder pasó a ser asimismo el promotor de la disolución del Partido Comunista de los Estados Unidos de América, en 1944.

«Los comunistas – escribía- prevén que sus objetivos políticos prácticos serán por un largo tiempo y en todas las cuestiones fundamentales, idénticos a los objetivos de una mayor masa de no comunistas, por tanto nuestros actos políticos se fundirán en movimientos de mayor envergadura. Es por esto que la existencia de un partido político específico de los comunistas ya no sirve a un objetivo práctico, sino que por el contrario, podría convertirse en un obstáculo para conseguir una más amplia unidad. Por eso, los comunistas disolverán su propio partido político y encontrarán una forma organizativa diferente y nueva, y un nuevo nombre que se adapte mejor a las tareas del día y a la estructura política a través de la cual deben llevarse a cabo dichas tareas.» 2

Como punto de partida para justificar la formulación de sus teorías burguesas liquidacionistas, Browder tomó la Conferencia de las potencias aliadas celebrada en Teherán en 1943, de cuyos resultados hizo un análisis y una interpretación antimarxistas y totalmente tergiversados.

Browder consideró el acuerdo de los aliados antifascistas para llevar hasta el fin la guerra contra Alemania fascista, como el inicio de una nueva época histórica, donde el socialismo y el capitalismo habían encontrado la vía de colaboración en «un mundo único e idéntico», como él se expresaba. Browder planteó como tarea que el espíritu de colaboración y coexistencia pacífica entre las potencias aliadas que surgió de Teherán, debía aplicarse no sólo entre el Estado socialista soviético y los Estados capitalistas, sino también en el interior de cada país capitalista, en las relaciones entre las clases antagónicas. Las diferencias de clase y los grupos políticos no tienen ya, «ninguna importancia», declaraba Browder. Como único objetivo que debían fijarse los comunistas, postulaba la «unidad nacional» llevada a cabo sin incidentes, en un ambiente de paz de clases, esa unidad que concebía como un bloque que acoge a los grupos del capital financiero, a las organizaciones de los monopolistas, a los partidos republicanos, una forma organizativa diferente y nueva, y unidas a los movimientos sindicales, a los que sin excepción alguna consideraba como fuerzas «democráticas y patrióticas».

En aras de esta unidad, Browder declaraba que los comunistas deben estar dispuestos a sacrificar incluso sus propias convicciones, su ideología y sus intereses particulares, que, en lo que a los comunistas norteamericanos concierne, han tenido una observancia primordial en cuanto a esta regla. «Nuestros objetivos políticos, que son idénticos a los de la mayoría de los norteamericanos, -proseguía- trataremos de presentarlos a través de la estructura existente de los partidos de nuestro país, que es, en su conjunto, el «sistema bipartito» específicamente norteamericanos».3

Impresionado por el desarrollo relativamente pacífico del capitalismo norteamericano después de las conocidas reformas emprendidas por el presidente norteamericano Roosevelt para salir de la crisis económica de principios de los años treinta, así como por el vertiginoso ascenso de la producción y la creación de puestos de trabajo durante el período de guerra, Browder extrajo la conclusión de que el capitalismo norteamericano se había renovado, iba a desarrollarse sin crisis, iba a elevar el bienestar general, etc.

Consideró el sistema económico norteamericano como un sistema en condiciones de resolver todas las contradicciones y problemas de la sociedad, de satisfacer todas las exigencias de las masas. Puso en un plano de igualdad el comunismo y el americanismo y declaró que «el comunismo es el americanismo del siglo XX». Todos los países capitalistas desarrollados, según Browder, utilizando la democracia burguesa, cuyo modelo debería ser la democracia norteamericana, podrán resolver cualquier conflicto y pasar gradualmente al socialismo.

Por eso Browder consideraba como tarea de los comunistas norteamericanos asegurar el funcionamiento normal del régimen capitalista y declaraba abiertamente que estaban dispuestos a colaborar para asegurar el funcionamiento eficaz del régimen capitalista en el período de postguerra, para «aliviar al máximo las cargas que recaen sobre el pueblo». Estos alivios, según él, serían obra de los capitalistas norteamericanos «razonables», a quienes los comunistas debían ofrecer su amistad.

De acuerdo con sus concepciones ultraderechistas y sometiéndose a las presiones de la burguesía, Browder, después de disolver el partido comunista, proclamó en mayo de 1944 la creación de una sociedad cultural ilustrada, denominada «asociación política comunista», que viniera a sustituir al partido, justificando este paso con el argumento de que supuestamente la tradición norteamericana requería la existencia de dos únicos partidos. Esta asociación, organizada como una red de clubs, se ocuparía principalmente de «actividades educativas y políticas a nivel nacional, regional y local».

En los estatutos de dicha asociación se decía: «La asociación política comunista es una organización de los norteamericanos que no tiene carácter de partido y que, apoyándose en la clase obrera, lleva adelante las tradiciones de Washington, Jefferson, Payne, Jackson y Lincoln, en las condiciones diferentes de la sociedad industrial moderna»; que esta asociación «defiende la Declaración de Independencia, la Constitución de los Estados Unidos y la Carta de Derechos, así como las realizaciones de la democracia norteamericana contra todos los enemigos de las libertades populares».4 Browder borró todos los objetivos del movimiento comunista. En el programa de la asociación no se hacía mención ni del marxismo-leninismo, ni de la hegemonía del proletariado, ni de la lucha de clases, ni de la revolución, ni del socialismo. Sus únicos objetivos pasaron a ser la unidad nacional, la paz social, la defensa de la Constitución burguesa y el incremento de la producción capitalista.

De ese modo Browder pasó, de la revisión abierta de las cuestiones fundamentales del marxismo-leninismo, de la estrategia y la táctica revolucionarias, a la liquidación organizativa del movimiento comunista en los Estados Unidos de América. A pesar de que en junio de 1945, en su XIII Congreso, el partido fue reconstruido y se rechazó formalmente la línea oportunista de Browder, jamás la influencia de éste desapareció del Partido Comunista de los EE.UU. Más tarde, especialmente a partir de 1956, las ideas de Browder florecieron de nuevo y John Hays, en su artículo titulado «Llegó el momento de cambios»5, exigía, en el espíritu del browderísrno, que el Partido Comunista de los EE.UU. se transformase una vez más en una asociación cultural, de propaganda. Y así es de hecho el actual Partido Comunista de los EE.UU., una organización donde rige el revisionismo browderiano en simbiosis con el revisionismo jruschovista.

Con sus ideas revisionistas acerca de la revolución y el socialismo, Browder prestó una directa ayuda al capitalismo mundial. Según Browder, el socialismo surge únicamente de una gran calamidad, de alguna catástrofe y no como resultado inevitable del desarrollo histórico. «Nosotros -decía- no deseamos ninguna catástrofe para Norteamérica, aunque dicha catástrofe conduzca al socialismo». Presentando la perspectiva del triunfo del socialismo como algo muy lejano, abogaba por la colaboración de clases en la sociedad norteamericana y en todo el mundo. La única alternativa, según él, era el desarrollo evolucionista, a través de reformas y con la ayuda de los Estados Unidos de América.

Según Browder, los Estados Unidos de América, que disponían de un poder económico colosal, de un gran potencial científico y técnico, debían ayudar a los pueblos del mundo, incluyendo a la Unión Soviética, en su «desarrollo». Esa «ayuda», decía Browder, serviría para que Norteamérica mantuviese elevados ritmos de producción también en la postguerra, garantizara el pleno empleo y salvaguardara la unidad nacional por muchos años. Con este fin, Browder aconsejaba que los magnates de Washington creasen «una serie de corporaciones industriales gigantes para el desarrollo de diversas regiones atrasadas y arruinadas del mundo, en Europa, África, Asia y América Latina».6 «Si es que podemos enfrentar la realidad sin vacilar y hacer renacer en el sentido moderno de la palabra las grandes tradiciones de Jefferson, Paytie y Lincoln, entonces Norteamérica podrá presentarse unida ante el mundo, asumiendo un papel de guía para salvar a la humanidad».7 De esta manera Browder pasó a ser el portavoz y propagandista de la gran estrategia del imperialismo norteamericano, de sus teorías y sus planes neo colonialistas y expansionistas.

El browderismo prestaba un servicio directo al «Plan Marshall», mediante el cual los Estados Unidos de América trataban de establecer su hegemonía económica en los diversos países de Europa devastados por la guerra, en los países de Asia, de África, etc. Browder sostenía que los países del mundo y en particular los países de democracia popular y la Unión Soviética debían ablandar su política marxista-leninista y aceptar la ayuda .«altruista» de los Estados Unidos de América, que según él cuentan con una gran economía y disponen de grandes excedentes que pueden y deben servir a todos los pueblos.

Sus puntos de vista antimarxistas y contrarrevolucionarios, Browder trató de presentarlos como línea general del movimiento comunista internacional. Al igual que todos los revisionistas anteriores, so pretexto del desarrollo creador del marxismo y de la lucha contra el dogmatismo, trató de argumentar que la nueva época surgida después de la Segunda Guerra Mundial exigía que el movimiento comunista revisara sus anteriores convicciones ideológicas y renunciase a las «fórmulas y prejuicios caducos», que, según él, «no van a ayudarnos en absoluto a encontrar nuestro camino en el mundo nuevo». Este era un llamamiento a abandonar los principios del marxismo leninismo.

Los puntos de vista de Browder chocaron con la oposición de los partidos comunistas de muchos países, y con la de los propios comunistas revolucionarios norteamericanos. El browderismo fue desenmascarado con relativa rapidez como un revisionismo sin máscara, como una abierta corriente liquidacionista, como agencia ideológica directa del imperialismo norteamericano.

El browderismo ocasionó un grave daño al movimiento obrero y comunista en los Estados Unidos de América y en algunos países de América Latina. En el seno de algunos viejos partidos comunistas de América Latina se produjeron conmociones y escisiones que tuvieron su origen en la actividad de los elementos oportunistas, los cuales, cansados de la lucha revolucionaria, se aferraron a las ramas que les tendía el imperialismo norteamericano para sofocar las revueltas populares, la revolución y carcomer a los partidos que educaban y preparaban a los pueblos para la revolución.

En Europa, el browderismo no obtuvo el éxito de América del Sur, mas esta semilla del imperialismo norteamericano no quedó sin germinar en los elementos reformistas, antimarxistas y antileninistas enmascarados que esperaban o preparaban los momentos propicios para desviarse abiertamente de la ideología científica marxista-leninista.

Aunque en su tiempo el browderismo no pudo convertirse en una corriente revisionista de grandes proporciones internacionales, sus puntos de vista fueron reanimados y asimilados por los demás revisionistas modernos que le sucedieron. Estos puntos de vista, bajo diversas formas, permanecen en la base de las plataformas políticas e ideológicas de los revisionistas chinos y yugoslavos, así como de los partidos eurocomunistas de Europa Occidental.

 
2 E. Browder, Teheran, Our Path in War and Pace, New York, 1944, pág 117
3 E. Browder, Teheran, Our Path in War and Pace, New York, 1944, pág 118
4 The Paht to Peace, Progress and Prosperity, New York, 1944, págs. 47, 48.
5 Political Affairs, octubre 1956.
6 The Paht to Peace, Progress and Prosperity, New York, 1944, págs. 21.
7 E. Browder, Teheran, Our Path in War and Pace, New York, 1944, pág 128
8 E. Browder, Teheran, Our Path in War and Pace, New York, 1944, pág 26

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